LUDIMITH CRISTHEL SOSAYA ALLCCA, de 21 años, es una autora peruana de sensibilidad introspectiva y mirada filosófica. Su poesía explora el destino, la identidad, la memoria, el desarraigo y las contradicciones de la existencia humana. A través de imágenes simbólicas y una voz íntima, cuestiona la vida, el amor y la pérdida, convirtiendo la experiencia y la duda en una búsqueda de sentido. Reside en Perú. Instagram: @ludimith
MIS RISAS SON DE LOS ANDES
Nada puede ser más terrible
que un pobre hijo sea arrancado
del pecho de su madre.
Y, claro, quizá sea su decisión,
pero el destino lo llevó
a tomar ese camino.
¿Qué sabe un retoño
si la vida dijo
que en primavera hay otoño?
Si el destino es un camino incierto
que carcome pausadamente
al espíritu extraviado.
Yo creía que era diferente,
pero, al dar un paso adelante,
vi que era uno más
del camino errante.
Estas montañas juran extrañarme,
y el sentimiento me resulta ajeno;
las leyendas andinas vociferan
y reclaman ser dueñas de mi vida de antaño.
Vivo en tierra ajenas a mi alma,
como las nubes del mar,
arrastradas por la corriente
hacia los Andes.
Mi madre, en su rezo,
pide por mi regreso.
Mi padre lee las hojas de coca
para ver el hilo de mi destino.
¿Qué sabe la felicidad
del regazo de mi madre?
¿Qué conoce el amor
de la voz de mi padre?
Si la felicidad y el amor se desvanecen
como las nubes al tacto del sol,
se marchita el eco de mis risas
en tierras foráneas.
¿Qué quedará de mis risas
cuando vuelva a tus quebradas?
VIL PEÓN
Entre líneas de versos y lágrimas,
la inocencia conoció la maldad.
Mi mente maquina
la próxima crueldad.
No soy el diabólico Maquiavelo;
son los golpes que hielan el corazón.
He tragado la hiel del odio,
y sin razón se volvió mi alimento;
calmé mi sed con el llanto.
Ha sido peor que una agonía:
la oscuridad en perfecta armonía.
La muerte merodea lo que aún palpita.
Traición: Caín acabó con Abel.
El dolor me consumía;
lo vi todo: la sangre hacerse ceniza,
y mi luz se ahogaba
en el mar de mi lealtad.
He visto el hilo del destino,
sentí el temblor de su camino;
su ira se ensaña en arrojarme al abismo.
Ni el destino
sabe con qué hilo jugar.
Ya resígnate…
no seré tu vil peón.
DÍA X
Osé correr contra el tiempo,
y ni rastro hay del ayer.
El amanecer, una melodía sin canción;
la noche, un canto sombrío.
Frente al mar y a la puesta del sol,
mis ideas son efímeras,
como la espuma del mar.
Mi cuerpo, fuerte como las rocas del océano,
y mi corazón,
recóndito en las profundidades,
sin exploración,
sin saber si es tornasol.
Nada parecía distinto.
Solo sonrisas en la multitud,
y yo, tan ajena a mi círculo,
sin saber si sonreír por no llorar.
Hasta el vasto océano
se compadece de mí.
Hasta el universo
juega al olvido conmigo.
En esta contemplación,
las brisas entumecen mi mente
y estremecen mi pecho.
El sonido de las olas
parece cuestionar mi historia,
pero yo hago oídos sordos,
porque en el fondo
ni yo lo sé.
La marea es como yo:
se desvanece en la incertidumbre
y vuelve a levantarse
tormentosamente.