186. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal Sept. 2026 | JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA – Regreso a los lugares

JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA nace en Barcelona, España, en el año 1964. Poeta, rapsoda y crítico literario. Fue secretario del Capítulo de Barcelona de la Academia Iberoamericana de Poesía. Miembro del grupo cultural Versikalia. Escribe en castellano y catalán. Ha publicado 45 libros de poesía entre ambas lenguas.

 

ME IRÉ CON EL VIENTO

 

Aferrado al árbol, sobre el muro del destierro,

le ruego al viento que me arranque

el dolor de esta noche; que lo aleje de mí,

que lo expulse de mi carne,

que lo deshaga en pedazos con la furia del toro.

Para el viento reservo este dolor, esta cruda envidia

que comparto con el árbol y la piedra,

este deseo de escapar hacia los precipicios

y volar sin equipaje hacia tierras

donde nadie me espera o me conoce.

El viento no posee dueño, ni memoria.

Pero este dolor, esta huella

que el tiempo esculpe con vehemencia,

no habrá viento que lo borre.

Aunque abra mi boca hasta atragantarme,

hasta sentir el escozor de la nada

en mis labios llagados por el grito,

la memoria de estos días

permanecerá en los pliegos de la sangre

y en el ámbar antiguo arrinconado tras los ojos.

Para el viento abro mis brazos en cruz y sueño

que sobrevuelo mi sombra mortal, que me despido

de aquello que fui con los pies en la tierra

y las huellas cosidas al lienzo de la muerte.

Un día me iré, como el frío de la noche. Como el viento

que con su roce se despide del árbol y la piedra.

 

 

DE LA NOCHE TRANQUILA

 

De la noche tranquila extraigo las palabras

que componen —piezas desordenadas—

mi diario de ausencias y de hallazgos, mi memoria

atrapada en el tiempo lento de las confesiones.

Recorro despacio las estancias de la casa,

descorcho una botella de vino y vierto

tiempo sagrado en la copa tallada.

Tomo un libro y acudo a leer a la terraza

bajo un cielo nublado: telón de los poetas.

Leo un poema, dos, tres. Entonces pienso

en la vida que hay detrás de cada verso,

en el milagro que pervive en la esencia del tiempo,

como el vino alojado en la oscuridad de la bodega.

Entonces, cuando una euforia pacífica me asalta,

escribo varias notas desordenadas, apuntes

surgidos de la emoción del instante, del reencuentro

con el hombre atrapado en la espiral de la prisa.

Sé que un verso no salvará una vida, ni lo pretendo.

Será suficiente si consigue salvarme.

Esos esbozos de palabras dispersas

derivarán en un poema impregnado

de la brisa íntima de la noche, de la madurez

del vino atrapado en la sangre del tiempo,

de la confesión dictada en la soledad,

con la esperanza de que alguien, un día

—no importa cómo, ni dónde, ni cuándo—

lea este poema bajo esta luna, apenas visible.

 

 

REGRESO A LOS LUGARES

 

Regreso a los lugares

en los que nunca estuve.

Regreso vacío de todo lo que importa.

Nadie se asomó al abismo para avisarme,

para decirme que la vieja huella

ya no existe sobre el barro que no pisé,

para revelarme desde el insomnio

la canción muda de las despedidas.

Regreso a los sueños que huyen,

a los días lejanos que me queman y a los días

que sólo recuerdo por sus noches.

Prisionero de mí

toda distancia es sombra mía,

todo verso hiere más

que la sangre lenta de los amaneceres.

Bajo la lluvia, regreso.

Borraré los muros

de la vieja ciudad que no crucé

para llegar a perderme entre sus ruinas.

Con pasos de agua negra todo se olvida

y olvido todo lo que fui hasta perderme.

Regreso a los lugares

donde nadie sabrá de mí,

vacío de todo lo que importa.

 

© José Luis García Herrera

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