JOSÉ LUIS GARCÍA HERRERA nace en Barcelona, España, en el año 1964. Poeta, rapsoda y crítico literario. Fue secretario del Capítulo de Barcelona de la Academia Iberoamericana de Poesía. Miembro del grupo cultural Versikalia. Escribe en castellano y catalán. Ha publicado 45 libros de poesía entre ambas lenguas.
ME IRÉ CON EL VIENTO
Aferrado al árbol, sobre el muro del destierro,
le ruego al viento que me arranque
el dolor de esta noche; que lo aleje de mí,
que lo expulse de mi carne,
que lo deshaga en pedazos con la furia del toro.
Para el viento reservo este dolor, esta cruda envidia
que comparto con el árbol y la piedra,
este deseo de escapar hacia los precipicios
y volar sin equipaje hacia tierras
donde nadie me espera o me conoce.
El viento no posee dueño, ni memoria.
Pero este dolor, esta huella
que el tiempo esculpe con vehemencia,
no habrá viento que lo borre.
Aunque abra mi boca hasta atragantarme,
hasta sentir el escozor de la nada
en mis labios llagados por el grito,
la memoria de estos días
permanecerá en los pliegos de la sangre
y en el ámbar antiguo arrinconado tras los ojos.
Para el viento abro mis brazos en cruz y sueño
que sobrevuelo mi sombra mortal, que me despido
de aquello que fui con los pies en la tierra
y las huellas cosidas al lienzo de la muerte.
Un día me iré, como el frío de la noche. Como el viento
que con su roce se despide del árbol y la piedra.
DE LA NOCHE TRANQUILA
De la noche tranquila extraigo las palabras
que componen —piezas desordenadas—
mi diario de ausencias y de hallazgos, mi memoria
atrapada en el tiempo lento de las confesiones.
Recorro despacio las estancias de la casa,
descorcho una botella de vino y vierto
tiempo sagrado en la copa tallada.
Tomo un libro y acudo a leer a la terraza
bajo un cielo nublado: telón de los poetas.
Leo un poema, dos, tres. Entonces pienso
en la vida que hay detrás de cada verso,
en el milagro que pervive en la esencia del tiempo,
como el vino alojado en la oscuridad de la bodega.
Entonces, cuando una euforia pacífica me asalta,
escribo varias notas desordenadas, apuntes
surgidos de la emoción del instante, del reencuentro
con el hombre atrapado en la espiral de la prisa.
Sé que un verso no salvará una vida, ni lo pretendo.
Será suficiente si consigue salvarme.
Esos esbozos de palabras dispersas
derivarán en un poema impregnado
de la brisa íntima de la noche, de la madurez
del vino atrapado en la sangre del tiempo,
de la confesión dictada en la soledad,
con la esperanza de que alguien, un día
—no importa cómo, ni dónde, ni cuándo—
lea este poema bajo esta luna, apenas visible.
REGRESO A LOS LUGARES
Regreso a los lugares
en los que nunca estuve.
Regreso vacío de todo lo que importa.
Nadie se asomó al abismo para avisarme,
para decirme que la vieja huella
ya no existe sobre el barro que no pisé,
para revelarme desde el insomnio
la canción muda de las despedidas.
Regreso a los sueños que huyen,
a los días lejanos que me queman y a los días
que sólo recuerdo por sus noches.
Prisionero de mí
toda distancia es sombra mía,
todo verso hiere más
que la sangre lenta de los amaneceres.
Bajo la lluvia, regreso.
Borraré los muros
de la vieja ciudad que no crucé
para llegar a perderme entre sus ruinas.
Con pasos de agua negra todo se olvida
y olvido todo lo que fui hasta perderme.
Regreso a los lugares
donde nadie sabrá de mí,
vacío de todo lo que importa.
© José Luis García Herrera