120. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Jun. 2026 | NOELIA BERMÚDEZ – Uruguay

NOELIA BERMÚDEZ. Nació en Montevideo, Uruguay, en el invierno de 1978. En el verano de 2007 emigró a España y actualmente vive en Estepona. En la palabra encuentra un espacio de pausa, de resistencia y de reconstrucción. Instagram: @avecesecribopesia / @nonabermu

 

 

 

 

Uruguay

 

Volver a casa,

a las veredas rotas,

al aroma tibio de la panadería del barrio,

al sonido breve y firme

del último sorbo del mate.

 

Volver,

el sol deshaciéndose lento

sobre el Río de la Plata,

los abrazos que no preguntan

y siempre hacen falta.

 

Caminar la placita de siempre,

donde la raíz se afirma,

y escuchar, con una nostalgia dulce,

el canto colectivo

del pan quemado,

cuando alguien se equivoca

y, desde la infancia

se vuelve a empezar.

 

A lo lejos, un repique

nos recuerda

que nadie nos enseña a vivir,

que todos,

de algún modo,

vamos improvisando

 

 

 

Color Olivo

 

Me gusta

que dudes,

que te revises.

 

Que no te tragues

lo que dijeron

como si fuera absoluto.

 

Que mires

—que de verdad mires—

con tus ojos

grandes,

color olivo.

 

Que sientas

sin nudos

sin permiso.

 

Me gusta

cuando te desarmás

y te volvés a armar,

lleno de preguntas.

 

Cuando te leés

como si fueras

un idioma nuevo.

 

Cuando me leés

como si yo

también lo fuera.

 

Tus manos

no sé si terminan

o empiezan en mí.

 

Tu boca

que lanza verdades

que caen

como golpes

o se abren

como flores.

 

Tus ideas,

ardiendo.

 

Tu risa

rompiendo algo

que se agita en el aire.

 

Vos,

cerca.

 

La noche

respirando despacio

mientras dormís.

 

Yo,

cerca.

 

 

 

Piecito

 

No hay frase

ni canción

ni poema

que alcance a hacerte justicia, amor.

 

Llegaste

cuando el miedo aún hablaba

con voces heredadas,

y me hiciste piecito…

 

Y entonces vi más lejos.

Y entonces pude ver más adentro.

 

Alejaste los fantasmas

que venían de serie,

los que yo confundía con mi nombre,

los que habitaban rincones imposibles.

 

Me diste un mapa,

y con una ternura paciente

me mostraste que el tesoro

estaba doblando la primera esquina.

 

Me enseñaste también

a escuchar

el sonido del silencio.

 

Por eso,

no hay frase

ni canción

ni poema

que te haga justicia, amor.

 

 

 

 

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