Presentamos al poeta Edgardo Pígoli, en el marco de una muestra de poesía argentina contemporánea organizada por Jorge Palma. Edgardo Pígoli nació en Buenos Aires el 6 de febrero de 1966. Es Licenciado en letras (UBA). Se desempeña como docente y coordinador en el área de Lengua y Literatura en Ecos escuela secundaria. Es profesor adjunto de la matera Historia del Cine II (argentino-latinoamericano) y titular de la materia Historia del documental Latinoamericano en la Universidad del Cine. Dicta como JTP la materia Teoría de los medios y de la cultura (Edición/ UBA) y tiene a su cargo la materia Literatura, Cine y otros lenguajes en el Profesorado Joaquín V. González. Trabajó como Editor durante diez años en Ediciones del Dock y allí dirigió la Colección Pez Náufrago. Tuvo a su cuidado, entre otros, los libros Las reescrituras (Leónidas Lamborghini), Crawl y Hospital Británico (Héctor Viel Temperley), Sordomuda (Jorge Bocannera) y La Línea del Coyote (Jorge Aulicino) Sus poemas han aparecido en diversas antologías. Una de ellas es Poesía en la Fisura (Ediciones del Dock, 1995) que condensó parte importante de la poesía de los 90, con selección y prólogo de Daniel Freidemberg Sus libros publicados son: Ultimo habitante (1993), La Chineza (1998), Branquia (2006) y De la precariedad (2014) y En ciernes (2018). Tiene dos libros inéditos: Tierra Salobre (2022) y La muralla (2023)
él dice
“presentimientos, amigos, sólo presentimientos”
necesito perderme mientras perdemos tiempo.
en qué creímos alguna vez que hoy no creemos.
cuánta pobreza.
qué no reímos.
cómo venían a tomar el agua del paisaje
y el cuerpo aguantaba
una música eterna
y desde esa mirada
mirábamos el río
y el río nos pedía.
dónde entendíamos la noche
caminando hasta el alba
y escupíamos sobre estas lagrimitas
ah mis amigos habláis de rimas
decía juan mientras ustedes soberanos del miedo
leían esa frase en un librito verde
con prólogo mojado
y pedían más agua para el vaso
y hacían la tormenta de arena para meterse adentro
y mirar desde la ventana
esa pared con rejas
que no conducía a nada
pero que nos decía
acá no hay orilla y no somos los que fueron a ver
a juan al río, ni quedamos embebidos de su agua
y no pertenecemos a la respiración de su ah
ni a los amigos
ni a sus rimas.
en este departamento
que no conduce a nada
sólo podemos tratar de hacer correr
el agua estancada
de las botellas blancas
para que nos cure de todos los adjetivos posibles
y nos haga perder la noción
para poder tenerla
y mirar al monstruo de frente
y mirar la pared
y escuchar la música que gira y se repite
y ver esas imágenes que se repiten y giran como la música.
mis amigos
tomar la casa por asalto
para reiterarnos
y cumplir de una vez la utopía que ni si quiera tuvimos,
morir juntos un rato.
hoy que las escrituras son tan vitales,
encontrar un lugar
dónde la melancolía
fuera esa risa que pasa por encima y nos salva
matándonos juntos
en un tiempo que no pertenece a nadie más
que a nosotros.
disipadas las incomodidades de la competencia por el ingenio
mudos de boca
y solos de palabra
quedamos
con toda la existencia
en el baño imposible del río que no fue.
(En: Branquia, 2006)
Los chicos
a Delfi Goldaracena
podrán decirme de qué se trata esto…
para Caro
Ella podrá contarme
con sus manos pequeñas
presentándose objetos
en un primer impacto,
viendo caras extrañas,
alejando un abismo de negrura
para acercarse a otro
(a la par de esas caras y esos
cuerpos cercanos).
del que nadie conoce
ni el color ni la forma.
es ella, mientras tanto,
quien nos cuenta a nosotros,
las caras y los cuerpos,
cómo es la luz
entre las dos distancias
cómo son los reflejos escondidos
en cada zona aislada
de un espacio inédito hasta ahora.
ella nos va mostrando
con su paso perfecto
de qué va nuestra casa
cuáles son sus rincones hasta ayer nunca vistos,
cómo estaban poblados de figuras extrañas.
ella nos vuelve a explicar
cómo se dice el alma en unos ojos
y cómo abraza el mundo desde lo más chiquito.
con su dedo dirige una orquesta
infinita
que sonará sin pausa entre los dos abismos
y llenará de música la vida que nos falta
los juncos de nuestro cuerpo seco
la cierta precisión de nuestros pensamientos
y la aguda nostalgia de una palabra errada
ella nos va explicando cómo hay que caminar
cómo la risa es una
como la vida es tantas
cuál es la cara de la sorpresa
cuál es el punto exacto de una sonrisa
inevitable
ella abre los ojos mientras me cuenta
yo los cierro mientras la beso.
ella mira las hojas de un árbol infinito
yo miro los abismos
pero es el lugar que nos encuentra
y son las palabras esperadas
las que nos buscan.
quizá, allí, en ese lenguaje que nos está rondando
encontremos el tiempo que nos pertenece
(En: De la precariedad, 2014)
VIII
¿y si al mismo tiempo sobrevivimos?
¿y si alguna vez las fuerzas del bien triunfan holgadamente?
¿y si es posible que te quieran y quieran estar con vos, que te sonrían y la vida fluya?
¿y si son esos los caminos?
¿y si hay certeza?
¿y si podemos caminar en paz, sin que esa figura sea la muerte?
¿y si afloja la tensión y las formas innobles se disuelven?
¿y si el ceño no se marca y la mirada se hace suave y límpida?
¿y si eso dura y es la forma definitiva del camino?
¿y si la sencillez es la expresión más clara?
(En: Tierra salobre, 2022 /inédito)