14. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Ene. 2026 | JOSÉ CARLOS VARA MATA – Donde el amor se vuelve destino

JOSÉ CARLOS VARA MATA (Madrid, Espa, 1982) es economista, escritor y experto en banca, riesgos financieros y regulación. Licenciado en Ciencias Empresariales y con múltiples másteres en áreas como Big Data, Finanzas, Recursos Humanos y Business Intelligence, ha trabajado durante más de dos décadas en entidades como Banco Santander y Cecabank, gestionando proyectos internacionales y liderando equipos.

 

 

Donde el amor pronuncia su latido

Te nombro y todo el mundo queda herido,
la luz aprende el pulso de tu lado.

No existe ya el ayer: queda vencido
cuando tu voz me cruza, despoblado.

Mi sangre sabe a trigo compartido,
mi sed descansa al verse en tu cuidado.

El tiempo se arrodilla, sometido,
si tiemblas junto a mí, enamorado.

No hay dios que no se incline ante tu nombre,
ni ley que no se rompa en tu mirada.

La noche se hace hogar cuando me asombre
la paz feroz de tu verdad callada.

Amarte es aceptar que el miedo ceda,
que el fin no tenga filo ni frontera.

Es ver cómo la herida se hospeda
y aprende a florecer, sincera y entera.

Si muero, que sea así: pronunciando
tu nombre como última victoria.

Si vivo, que sea siempre caminando
contigo hasta agotar toda la historia.

Porque el amor -lo sé- no pide nada:
solo quedarse ardiendo… y no irse nunca.

 

 

Verde herida del querer

Tu amor me duele verde todavía,
como luna clavada en la umbría.

Eres agua que canta en la sequía,
cuchillo de jazmín y de alegría.

Cuando llegas, la sombra se extravía
y el miedo se me vuelve profecía.

Tu voz tiene la sal de la agonía
y un pan recién nacido en la alquería.

Mis venas van gimiendo tu porfía
como un toro de luz en romería.

Amarte es un temblor que desafía
la muerte que me ronda noche y día.

Si huyes, arde el aire que me enfría;
si vuelves, sangra el alba de armonía.

Yo soy tierra esperando tu agonía:
bésame… y que se cumpla la poesía.

 

 

Donde el amor se vuelve destino

Te digo y se me ordena lo creado,
la luz aprende el modo de tu herida;
mi voz deja de ser lo que ha callado
y nace, por tu voz, recién vivida.

El mundo se arrodilla a tu costado,
la noche se hace casa compartida;
mi miedo queda al fin deshabitado
cuando tu pulso habita en mi latida.

No hay tiempo que no ceda, derrotado,
ni ayer que no se vuelva despedida;
tu amor es un presente iluminado
que vence toda sombra conocida.

Mi sangre reconoce lo sagrado
al verse en tu mirar reconocida;
soy pan cuando tu nombre es pronunciado,
soy sed que en tu silencio queda bebida.

Si dudas, se me quiebra lo soñado;
si vuelves, se redime la caída;
amarte es aceptar lo inaplazado,
arder sin preguntar por la salida.

No pido eternidad ni dios prestado,
me basta esta verdad recién nacida:
vivir donde tu amor me ha señalado
como única razón, como mi vida.

 

 

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