147. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Jul. 2026 | MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE – Siendo niño todavía

MARCO ANTONIO VALENCIA CALLE. Popayán, Colombia, 1967. Estudió Literatura y Pedagogía en la Universidad del Cauca. Vivió en España como becario de la Fundación Carolina, donde cursó estudios de especialización y maestría en Filología Hispánica. Durante una década se consolidó como uno de los columnistas más leídos del departamento del Cauca. Es autor de obras en los géneros de novela, cuento, poesía y ensayo.

 

 

I

 

“Ya no soy tu hijo

Sólo un extraño que mendiga cenizas 

Y estériles lágrimas al polvo del tiempo”

-Armando Silva-

(No me esperes Madre)

 

Siendo niño todavía, mi alma se la dejaron a la suerte

y mi cuerpo a las pirañas de la calle, a los dragones de concreto, a las sirenas del infierno y una pesadilla sin nombre propio

 

he aprendido a leer guareciéndome del frío bajo los periódicos y a caminar descalzo por un fragmento de recuerdos en calles adoquinadas

he comido una montaña de desperdicios y soy el héroe invencible en mis batallas por comida frente a los gatos del barrio

 

camino despacio, entre las nubes del sacol y los cariños ausentes por avenidas de ratas y cazadores de hombres

y soy como dicen, un hombre tímido, sin palabras.

 

con tanto por vivir para qué las palabras.

 

 

 

II

“No tengo a nadie ni soy de nadie,

Mis recuerdos se quedaron en el tiempo”

-Gerardo Frey Campo-

(Interludio para sol mayor)

 

De una bolsa negra un día  saldrá una lámpara y de la lámpara un genio

y ya no comeré de la mugre de los demás ni de la mierda de los otros,

seré buceador o  paracaidista y un montón de títulos en papel de pergamino adornará mi sitio,

 

y la amada tendrá que sonreír, con los dos dientes que le quedan cuando le diga que he pedido dos deseos para mí, y uno para ella.

 

y cuando hagamos el amor en medio de cartones, de botellas y latas de cerveza

las palabras tendrán que sobrar, porque el amor entre los ricos, con gemidos, me han dicho, es más que suficiente

 

y si no hay nada para ti, amor, que no aparezca ningún genio,

seguiré arrastrando mi carreta con mis palabras vacías y ardores en el pecho.

 

 

III

 

…  prefiero tu boca

A la promesa de la inmortalidad”

-Alberto Bossa-

 

Las cerraduras, los candados y los perros son como la hija del médico del pueblo

parece que no, pero dicen que sí

y yo no he robado por robar, yo robo por ladrón.

 

tal vez hubiera podido abrir las puertas de la esperanza, de la alegría y el amor en los ojos de Xilena, ( la hija del médico), pero por mi trabajo, yo mismo me he cerrado todas las que quedaban de este edificio vetusto y frío llamado vida.

 

me persigue mi propia sombra, es cierto, me dan miedo los árboles que crecen  y me señalan, me reclaman los perros cuando paso y hasta el yo de los carniceros del pueblo, creo, me amenazan con sus cuchillos.

 

mi día de san Valentín, ese día que nos ha de llegar como a todos los cerdos, lo quiero con tiro directo al corazón. no quiero rezos ni jaculatorias, no quiero arrepentidos en mis exequias, quiero tal vez, quiero quizás, una palabra de amor.

 

de ese amor esquivo y bueno que nunca pude tener

tan solo sus besos llegar a robar.

 

 

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