COCO (Carlos Arturo Pacheco Chávez), escritor de narrativa, poesía y microteatro, licenciado en Comercio Internacional y Aduanas. Reside en México. Ha publicado el relato «Crónicas» en Cinco Palabras, el poema «Manglar» en Proyecto Grafemas y el microteatro «Fibra de algodón» en la revista Oblivious (Universitat de València). Instagram: c.a.pachecochavez2
Derecho a prestaciones
Mamá Gabriela, viejita, mi viejita respira acabándose su vida en los
[acordes de cierre del aire.
Su identificación no la tengo,—perdió la cartilla— si me voy se me muere, se me muere
[en silla de enfermos, numerada: 22—ilegible—.
Gallinas, gallinas de engorda para el sacrificio en mesas de mercado a ojos de su
[gremio: salud digna.
Mamá Gabriela, por dignidad, tenemos la vida colgando del cuello con cadenas de
[su registro de copias y folio.
Se acerca la señora a las noventa con ardores de estómago y alucinaciones matutinas
[donde nos olvida.
Doctor, mi riñón por cinco minutos de consulta en el mueble más incómodo de su casa.
Si la escuchara gritar,
acerque su oído a los gritos que esperan en el infierno,—salud de los enfermos— no lo
[maldigo, lo prometo.
Moscas dentro de papeles de basura, sus huesos, pellejo, moscas con ojos de mi viejita,
[insectos tras la punta del zapato blanco.
Cambio de turno.
Cambio de turno.
Lombrices con parches de salud, camillas de sepelios, un doctor Humano besado
[en la frente por su madre.
El trigo arde en la noche del invierno con los granjeros viendo—cultivaron alfalfa—.
Del mentón resbalaron lágrimas a sus manos, oratorio de archivos, opinión de muerte o
[utilidad. Hospital—derecho civil—.
Para servirle.
Para servirle.
El cuerpo se pudre en insectos que huelen los gases, con enfermos de retinas rojas
[sentados en sillas: 21 y 23. Formulario pre-velatorio y servicio.
Teclean el registro de mi vieja hinchándose, y las ambulancias sacan camillas al sol por
[falta de la firma del coordinador.
“Tenemos encuesta de calidad y buzón de quejas y sugerencias, haga fila. No podemos
[mover el cuerpo sin la firma del coordinador en turno.”
Cruza el pasillo una mujer con su niño en las manos y Mamá Gabriela escurre líquido
[por las glándulas lagrimales—seguridad social—.
Sin red.
Sin red.
Intestinos en bolsas de plástico sujetas con uñas barnizadas y decorado en brillos
[magenta.
Se acarrean bolsas clínicas de basura a contenedores de papel, de material quirúrgico y
[sintético.
El cuerpo estará hasta mañana que lo recoja la carroza, recargado en los asientos: 22 y
[21.
«Morimos en sus uñas.
Nos entierran juntos.
Los entierran con nosotros.»
Karen, allá por allá lejos.
Mariposa:
Ríos; ríos por tu nombre: río empedrado (escultura del viento y sol, marea nunca alta, nube siempre con agua). Piedra contorno circular y punta, arma al bailar. Pies lastimados; piel dorada de blanca: pecas monarcas con puntos —dibujo sensual— de arena. Respiro de vapor contra frío en el interior de mis ojos.
Mantis:
Diagonales, geometría no perfecta entre tu labio y mentón. Huesos de mi deseo —no peco por mis besos, sino que son imaginados—. Ojos de mil grados y vistas, destello de un horizonte francés. Alcohol en tu boca para mis dientes. Palabras de tu paladar: cosquillas del hambre de ti. Impulsos de caricias agrias y despedidas no tan dulces.
Viuda:
En el avión tus mensajes, quédate: arpones o colmillos de ácido; no te vi frente a mi banquilla —telaraña al aire—. Tus manos: lienzo de la saliva de otros con otros apellidos y pueblos de sur o norte: ciudadanos; yo un pueblerino en la costa contraria del océano —papeles de tipografía diferente—. Si hay muerte —después—, no habrá reencuentro de nuestros nombres.
Separados en la evolución
Me dirán: estás y estuviste equivocado. Y que el mundo lo grite e incrimine y desafíe;
[me paro en lo alto de la torre de apartamentos para gritar:
Y, ¿qué grito? Grito. Y las torres de radio reproducen el llanto de un obrero de conjunto
[habitacional popular.
Si se halla el orgullo que huyó, maldito palomo, llévenlo a la estación de radio.
Al Sapo Mexicano:
Sabías que amar es despedirse tras el cristal.
Querer caer de la punta de edificios.
Seres que insultan al cielo con la voz concreta.
Y tú. Desde el suelo. Gritando clavos para herir a las nubes.
Para que te escuche: La Rana. Tu rana. Rana Uruguaya.
Aman tus uñas ese nombre: Rana Uruguaya.
Como ama el vagabundo que su voz reciba plata.
Amor. La escena: tú, ella.
Amar, Sapo Mexicano: es una rabieta de condenados a vivir.
Tú amas verla escucharte con sus lentes de lectora.
Egoísmo perdonable.
Vives aún el pasado. Despedido en un beso.
Sabes que estás vivo porque aún respiras.
Rana Uruguaya está volando lejos de las escaleras más altas.
Vuela, es un ganso huyendo y un rostro triste: pintura de Goya.
Tus pasos son guardia de honor en un cielo negro con respiración gris.
Los coches pasan en una línea de luz que no corta tu pensamiento. Piensas en ella.
Piensas tanto en ella que el mundo europeo sangra. Amar no era decir adiós. Amar…
Qué digo, Sapo Mexicano, si lo supiste y ya miras las hojas en el desagüe marchitarse.
Sientes el dolor de un huérfano en diez de mayo. Es vívido y aceptable.
Exhalas aliento de mujer con diagnóstico de aborto. Es vívido e inevitable.
Eres la tristeza de los poetas que no lloraron. La luz que crees mirar es la ceguera de
[quien amó.
Piensas en las palabras dichas y las que no, novato de amor.
Sientes las caricias que no le diste, novato del cortejo.
Y lloras, y ríes y haces promesas y haces ideas que la misma oscuridad dice: rechaza.
Rechaza la cruz que clavas a tu columna.
Grita al aire; el viento llevará tus palabras.
Ama el parque junto al estanque, porque es radiante.
Como ayer que la besaste y las bocinas de los estudiantes decoraron el beso.
Ama lo que quedó; lloras lo que se fue, y las luces se prenden a las seis.
La rueda de la fortuna tiene la taquilla abierta.
El semáforo no lo ha arreglado el ayuntamiento.
Mañana hay check out y su vuelo toca aeropuerto en dos horas; duerme dos horas.
Y escríbele… Escribe la carta que no va a leer.