CARLOS DANIEL LÓPEZ es un escritor ecuatoriano, nacido en Guayaquil. Autor de cuentos y poemas, inició su trayectoria como coautor de la antología Manías de la mente y posteriormente publicó Un día en la vida Y Marcelo Chiriboga: El escritor ecuatoriano del boom latinoamericano. Su obra explora el querer, la pérdida y la memoria, consolidándolo como una de las voces emergentes de la literatura ecuatoriana contemporánea. Instagram: @carloos.ls
NOCHE DE TERNURA
Déjame envolverme en tus brazos esta noche,
Donde el mundo se desvanece en la penumbra.
Permíteme perderme en la profundidad de tus ojos,
Donde encuentro el refugio de mi calma.
Déjame explorar cada rincón de tu piel suave,
Con mis manos buscando la conexión.
Déjame sentir tu presencia, tu poder,
Mientras nos fundimos en una sola canción.
Déjame ser tu guía en esta danza íntima,
Donde nuestros cuerpos se entrelazan en un abrazo.
Déjame amarte en cada momento, en cada hora,
Como amiga, amante, compañera, en este espacio.
Noche de ternura, así te nombro,
Donde nuestras almas se encuentran en amor profundo.
En este abrazo eterno, en esta unión divina,
Te amaré por siempre, en esta noche y en la próxima aún.
TRINIDAD
El sol que entra por mis ventanas es tan dichoso como el aire que a diario respiro. Ilumina mi alma y me llena de un suave tacto familiar, un tacto puro y clandestino. Me transporta a esos tiempos de niñez donde la vida era simple y sin preocupaciones, donde cada día era una aventura por descubrir. La luna nocturna, con su luz mansa, ilumina mis noches ingratas, me acompaña en mis momentos de soledad y serenidad. Es mi compañera de noches melancólicas, tristes y parias, una presencia reconfortante en medio de la oscuridad. Observo el cielo, cambiante y misterioso, que se torna claro o bruno según el día y la hora. Lienzo en blanco donde se pintan las maravillas del universo. Las nubes y las estrellas son los elementos que más lo adornan, junto con la inquietante presencia de la luna y el sol. La trinidad celestial, el sol, la luna y el cielo, representan el paraíso puro y divino, lleno de colores inefables y vastos mares de misterios por descubrir. Me sumerjo en la fantasía de nadar en el mar de nubes o viajar en una estrella fugaz, contemplando el mundo desde lo alto. Es un privilegio poder admirar el azul infinito del cielo mientras el sol nos acaricia con su cálida luz, evocando recuerdos de un antiguo amor que iluminaba mi vida con la misma intensidad y suavidad.
SERPENT D’ AMOUR
Su imagen se envuelve como una serpiente en un árbol largo y fino, semejante a los pinos andinos alejados en el prado. Mi cuerpo, como un faique triste y melancólico, acepta la envoltura de esta serpiente, admirando su cuerpo colorido y sus curvas latentes. La dejo entrar en mi nido, a mi parte más interna. Mi madera la conoce y se familiariza con ella. Todo mi ser siente en armonía con su esplendor, tanta armonía que es dichoso pasar cada momento con su amor. Mis días se pintan como obras magnificas si su presencia siento entrar a mi vista, es tan grato compartir con ella que quisiera que nadie me aleje de su lado. Me siento seguro, calma mi angustia y mi ansiedad interior que antes que se envuelva eran mi mayor dolor. Ahora con ella nada me aterra, todo es perfecto. Escucho a los pájaros cantar, percibo el aroma de las flores más bellas del campo, los animales me saludan al pasar. Todo es perfecto.