157. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal Ago. 2026 | MARIA DE JESUS – La culpa

Marsitop es el seudónimo de Maria de Jesus, escritora mexicana residente en México. En Instagram comparte su obra como @Marsitop_. Escribe poesía de aquello que le conflictúa: la memoria, la ausencia, la fe, la culpa y las dudas. En sus versos, los espacios cotidianos guardan aquello que las personas ya no pueden llevar en la maleta: el peso del vacío.

 

 

El funeral de las flores

 

Mamá, hoy he matado a una mujer.

Era tan linda…
Tenía familia
y se le notaba el futuro.

Nadie aún ha llorado por ella,
creo que nadie se ha dado cuenta.

La última vez que la vi, antes de partir,
parecía que tenía tantos amigos.
Su familia nunca la dejaba sola
y siempre buscaba cómo bailar y cantar.

Era ella, mamá,
y era la vida.

Un día se mezcló con la pintura,
dobló la ropa y la dejó en una silla.
Su mamá jamás preguntó…
nadie lo mencionó.

Le apagué la luz sin darme cuenta.
La fui dejando sin aire,
sin colores;
la fui cambiando por la calma de no sentir.

Pero quizá ella solo duerme,
esperando que la llame con dulzura,
esperando que la perdone
por haber querido vivir tanto.

Y si algún día vuelve,
le dejaré el paso abierto.
Le pondré flores, música
y un poco de sol.

Porque aunque la maté sin querer,
también soy quien puede
traerla de nuevo.

 

 

Dios, padre e ira.

 

No logro encontrar mi lugar,
ni siquiera en mi propio hogar.
La almohada es incómoda,
y siempre termino en el sofá.

Me siento sola,
pero físicamente presente,
emocionalmente cansada
y mentalmente desaparecida.

No entiendo dónde estoy ni a dónde quiero ir.
Quiero una respuesta,
pero sigo sin entender de qué.

Quiero perderme
y no encontrarme jamás.

Deseo dejar esta casa
y comenzar a vivir en otro lugar.
Dejar mi alma libre,
que sea fugitiva y nadie jamás la encuentre.

Quiero romper mi ruido
y caer al vacío;
adentrarme donde no hay nadie,
para apagarme por siempre.

Tengo miedo
de sentir que no voy por el camino correcto.
Tengo miedo
de equivocarme una vez más.
Tengo miedo
de ser vulnerable,
tan vulnerable que se escape mi dignidad.

Dios, padre, ira…
Escúchame.
Una plegaria de necesidad.
Estoy molesta, estoy triste, estoy agotada
y estoy por desear rendirme.

No encuentro un brazo que tomar
y tengo miedo de encontrarte y jamás soltarte.
Dame fuerza y escúchame,
escucha qué tengo que decirte.
Escúchame… y pídeme perdón.

¿Por qué me has dejado aquí?
¿Por qué me has abandonado?
¿Por qué me dejaste sola con tantas dudas?

¿Qué tengo que hacer?
¿A dónde me permites correr?
¿Qué esperas que haga
y qué se supone que debo aprender?

Me siento débil,
mis piernas no responden,
no me estás dejando huir.
Me estoy arrodillando ante ti
y te dejo mi alma encapsulada.

Dime qué esperas de mí, porque yo no lo sé.
Déjame rendirme e irme.
Dame fuerzas para dejar de huir y esconderme.
Dame la intención de dejarme sentir.

Ayúdame.

 

 

La culpa

 

Siento que Jesús no murió,
porque no he sido librada de mis pensamientos,
aún se sirven en un vaso de agua
que me ahoga y me desborda.

Hay un momento,
cada mañana,
cuando hago mi súplica
y solo recibo un silbido del viento.

Me han dejado de funcionar las piernas,
no puedo ir a donde quiero,
solo a donde mi libertad me deja.

Porque al cruzar la puerta,
está mi cruz.

He vivido en esta casa tantos años,
mi piel casi se une a la madera.
El olor es mío,
de cuando el cuerpo se pudre.

Si Dios me está viendo,
seguro está riendo.
Está feliz,
por mi desgracia.

Porque ¿cómo puede verme a mi
y no ver a su hijo?
Me está dejando sola
sola con mi cruz

No me ha dejado verla,
ni escucharla,
menos olerla,
tampoco regresa a mis memorias.

El Señor sabe cuánto la amé,
cuánto hubiera deseado poder tomar su mano,
pero todo se perdió en verano
y no me ha dejado verla más.

Solo me dejó una carta
llena de culpa
… si me hubieras amado más.

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