TOMÁS GRIECO, (Buenos Aires).
la ciudad
es todo azul y luces
los androides de la higiene
tropiezan por todos lados
las heridas
pueden limpiarse
hasta parecer iguales
pero siempre duelen distinto
y creer en dios
no es lo mismo a creer en vos
voy a repetir una canción
hasta que se vuelva mantra
tantra por siempre sin acabar que
insiste en un todavía
toda la vida
el alba
se repite
primero como ocaso
luego como farsa
después tan sólo
la quietud sin el nombre
de lo quieto
la extrema unción
de las tostadas
las pocas luces
con todos sus costados
dominar el arte
de clavarse
el borde de cada tropiezo
de soltar largo
la correa de las cosas
que las cosas
nunca terminen
es señal
de que nunca empezaron
tener
los días contados
con ambos lados de la piel
temblar al tiempo
del ritmo perdido
bailar con truenos
por canciones
el fuego
que sabe
que se apaga
arde todavía
más
por todas las vías
mandarte una canción
invitarte al cine
invitarte a casa a cocinar
todas las cosas que insisten en quemarse
como el humo de las fábricas
allá a lo lejos
estoy prometiendo motores
intentar darte un beso
que no me tenés que dar
equivocarme
tropezar
agradecer el tropiezo
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Como el fuego que calienta en el frío.