168. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Ago. 2026 | FRANSER SOLIS – El mapa que llevo

FRANSER SOLIS escribe desde República Dominicana. Su poesía nace de la memoria, el deseo, las pérdidas y esas pequeñas transformaciones que deja la vida. Escribe desde lo cotidiano, buscando convertir experiencias, y recuerdos en palabras. En sus versos explora el cuerpo, los vínculos y aquello que permanece después de haberlo sentido y vivido. Actualmente desarrolla su obra poética y comparte su escritura en Instagram: @fransersolispoesia.

 

Muelle de Don Diego

Este poema es para todas las madres que cruzaron fronteras en búsqueda de bienestar.

 

El atardecer olía a sal y a humo,

La calzada a sudor y nervios,

La gente se abrazaba, lloraba

Sin embargo, yo no entendía

 

Tenía mal contados, algunos trece inviernos,

Un cuaderno rayado, y los sueños pequeños,

la inocencia de quien vivía entre juegos,

sin saber que las madres cruzan océanos enteros

 

La nostalgia se apoderó de sus ojos,

Y en una mirada, se desborda el llanto

Mientras sus labios pronuncian, nos vemos pronto

 

Con un suspiro lento,

Deja de sostener mi mano,

Toca abordar aquel viaje, y buscando dentro del alma,

Con la voz entrecortada me dijo: cuida de tu abuela y tu hermana

 

Entonces, se escuchó el silbato

Anunciando que es momento de zarpar,

Y fue así como se hizo espacio entre las olas,

No solo el ferry, también un nuevo hogar.

 

Y el tiempo hizo lo suyo, esta vez en otra tierra,

Abrazando sus anhelos, y su sazón caribeño,

Y yo, desde entonces aprendí a amar los aeropuertos, los aviones,

Porque luego de cada uno, volvía a su abrazo tierno.

 

Ese abrazo, que calmaba la rebeldía adolescente,

Que cuestionaba la vida, y sus afluentes

Sin el más mínimo conocimiento

Del peso de la experiencia

 

Y así, terminé entre dos tierras,

Corriendo por Bayamón, caminando por Terrenas,

Comiendo alcapurrias, disfrutando la bandera

Y dejándome el pelo suelto bajo el sol ardiente

Que arropa a Punta Cana y a Isla Verde

 

Hoy la miro desde mi historia,

con la voz apenas sostenida,

y descubro que aquella mujer valiente

me enseñó a construir mi vida.

 

La sombra

 

No todo en mí es silencio

A veces soy la pausa

entre dos certezas,

la frase incómoda,

la que nadie espera,

mientras la noche apenas abre sus puertas.

 

Guardo dudas

como quien apaga una lámpara

antes de que alguien entre,

No por miedo a la oscuridad,

Sino a lo que revela y

que es mejor no pronunciar.

 

Aprendí la mirada que se inclina,

la sonrisa que demora, que, de forma elegante, esconde

el temblor que sacude

mi memoria

 

Y dejo colgado en el aire

Aquello que no digo,

Como cajas guardadas

De algo que no está,

Y que cada uno imagina

Porque hay palabras

que no buscan ser dichas:

Arden mejor

Cuando nadie las ha de tocar

 

El mapa que llevo

 

Llevo en mi cuerpo,

Un mapa que traza la ruta

Que me hizo más fuerte

Una piel arrugada,

una cicatriz alargada,

El encanto de una huella

Que se convierte en casa

 

Un camino que hizo frágil la existencia,

Indomable la esperanza,

Habitando dulce y amargo

Noches de desvelos

 

Una nota al margen

¡Disfruta!, sueña!

Que la vida sorprende

En el sonido del viento

En las historias que imaginé

mientras mis padres en su pena,

oraban al cielo,

 

Porque hasta entonces comprendimos

Que la angustia, el miedo y la fe

Pueden habitar una misma mesa

 

Cuando en una noche,

La duda, y la falta de certeza

Atraviesan la esperanza

Y cuestionan el orden y la resiliencia

 

Cicatrices,

Triunfos de batallas que creí perdidas

De silencios que nos hicieron compañía,

En las alas de una fe,

Que nunca se dio por vencida

 

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