FRANSER SOLIS escribe desde República Dominicana. Su poesía nace de la memoria, el deseo, las pérdidas y esas pequeñas transformaciones que deja la vida. Escribe desde lo cotidiano, buscando convertir experiencias, y recuerdos en palabras. En sus versos explora el cuerpo, los vínculos y aquello que permanece después de haberlo sentido y vivido. Actualmente desarrolla su obra poética y comparte su escritura en Instagram: @fransersolispoesia.
Muelle de Don Diego
Este poema es para todas las madres que cruzaron fronteras en búsqueda de bienestar.
El atardecer olía a sal y a humo,
La calzada a sudor y nervios,
La gente se abrazaba, lloraba
Sin embargo, yo no entendía
Tenía mal contados, algunos trece inviernos,
Un cuaderno rayado, y los sueños pequeños,
la inocencia de quien vivía entre juegos,
sin saber que las madres cruzan océanos enteros
La nostalgia se apoderó de sus ojos,
Y en una mirada, se desborda el llanto
Mientras sus labios pronuncian, nos vemos pronto
Con un suspiro lento,
Deja de sostener mi mano,
Toca abordar aquel viaje, y buscando dentro del alma,
Con la voz entrecortada me dijo: cuida de tu abuela y tu hermana
Entonces, se escuchó el silbato
Anunciando que es momento de zarpar,
Y fue así como se hizo espacio entre las olas,
No solo el ferry, también un nuevo hogar.
Y el tiempo hizo lo suyo, esta vez en otra tierra,
Abrazando sus anhelos, y su sazón caribeño,
Y yo, desde entonces aprendí a amar los aeropuertos, los aviones,
Porque luego de cada uno, volvía a su abrazo tierno.
Ese abrazo, que calmaba la rebeldía adolescente,
Que cuestionaba la vida, y sus afluentes
Sin el más mínimo conocimiento
Del peso de la experiencia
Y así, terminé entre dos tierras,
Corriendo por Bayamón, caminando por Terrenas,
Comiendo alcapurrias, disfrutando la bandera
Y dejándome el pelo suelto bajo el sol ardiente
Que arropa a Punta Cana y a Isla Verde
Hoy la miro desde mi historia,
con la voz apenas sostenida,
y descubro que aquella mujer valiente
me enseñó a construir mi vida.
La sombra
No todo en mí es silencio
A veces soy la pausa
entre dos certezas,
la frase incómoda,
la que nadie espera,
mientras la noche apenas abre sus puertas.
Guardo dudas
como quien apaga una lámpara
antes de que alguien entre,
No por miedo a la oscuridad,
Sino a lo que revela y
que es mejor no pronunciar.
Aprendí la mirada que se inclina,
la sonrisa que demora, que, de forma elegante, esconde
el temblor que sacude
mi memoria
Y dejo colgado en el aire
Aquello que no digo,
Como cajas guardadas
De algo que no está,
Y que cada uno imagina
Porque hay palabras
que no buscan ser dichas:
Arden mejor
Cuando nadie las ha de tocar
El mapa que llevo
Llevo en mi cuerpo,
Un mapa que traza la ruta
Que me hizo más fuerte
Una piel arrugada,
una cicatriz alargada,
El encanto de una huella
Que se convierte en casa
Un camino que hizo frágil la existencia,
Indomable la esperanza,
Habitando dulce y amargo
Noches de desvelos
Una nota al margen
¡Disfruta!, sueña!
Que la vida sorprende
En el sonido del viento
En las historias que imaginé
mientras mis padres en su pena,
oraban al cielo,
Porque hasta entonces comprendimos
Que la angustia, el miedo y la fe
Pueden habitar una misma mesa
Cuando en una noche,
La duda, y la falta de certeza
Atraviesan la esperanza
Y cuestionan el orden y la resiliencia
Cicatrices,
Triunfos de batallas que creí perdidas
De silencios que nos hicieron compañía,
En las alas de una fe,
Que nunca se dio por vencida