234. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Oct. 2026 | ÁTOMOS VISIBLES – Catarata

ÁTOMOS VISIBLES (Colombia, 1993). Psicólogo, investigador social y escritor. Ofrece orientación y acompañamiento psicológico, integrando recursos expresivos y creativos adaptados a las necesidades de cada persona. Su obra explora la memoria, los vínculos, la identidad y las transformaciones de la experiencia humana mediante la poesía, la imagen y la experimentación con el lenguaje. Bajo la consigna «Leer el fragmento. Mirar la fractura», desarrolla un proyecto literario y artístico homónimo. Instagram: @atomosvisibles

 

 

Catarata

 

Observo:

Y ante la imposibilidad de divisarlo todo,

me pierdo.

 

La realidad aparente,

tangible a mis sentidos,

me abruma.

 

Me observo:

Inquieto,

al descubrir que la piel que habito

es solo un recipiente con fecha de caducidad.

Que pareciera aún contener

los últimos restos de lo que alguna vez viste en mí.

 

Te observo:

Y es como si viera a mi amuleto más preciado.

Es como si repasara escena tras escena de mi película favorita.

Como volver a recorrer con mi tacto y olfato hasta su lugar más recóndito…

 

Para luego volver a mí,

y descubrirme mínimo

dentro de la inmensa y fría sala

en un incómodo vacío inhóspito.

 

Uno que solo parecía cubrirse

con la presencia que me dabas al verme,

sí, solo al verme…

 

Y que hoy:

Frente a lo que ya no puede ser visto,

tan solo aparece,

el recipiente…

vacío

que,

ante

la espera,

solo espera,

otro observador más…

 

 

Inesperada

 

Te vi.

Atravesé la puerta y entré en tu espacio

 

Lejos de sentir dolor,

pensé en saludarte.

No lo hice.

Si lo hubiera hecho seguro no estaría hoy

en el regazo tranquilo de mis pesares

añorándote.

 

Me viste. Lo sé.

Mil pensamientos atravesados

queriendo entrar en tu mente para saber.

Sí, solo saber…

 

Mala maña mía.

Querer desarmarte en mil piezas queriendo creerme

el único capaz de armar el rompecabezas de tu vida.

No aprendo.

 

Espero que al igual que yo,

no hayas sentido el dolor punzante de los últimos meses,

sino el regocijo inquietante de lo que fue y pudo haber sido.

Nos buscamos con la mirada.

 

Tus sutiles y delicados movimientos al compás de la música

aún me dibujan una leve sonrisa

que me recuerda algo:

Te amé.

 

Por esto y más me encuentro hoy,

en la tenue densidad

del amargo sin sabor del des-ahogo solitario,

creyendo que tal vez

te despertaste hace poco y,

en el vaivén de la rutina mañanera,

de entre la comisura de las heridas

que aún palpitan

en el vacío incontenible que nos quedó:

También me añoras.

 

 

¿Qué tan                                                             pesada es                                                             una piedra?

 

De pequeño lanzaba piedras al río

Sin pensar qué sería de ellas

Solo son livianas y

fluyen

con el

arroyo…

 

 

 

De adolescente lanzaba palabras que parecían piedras

Sin pensar qué harían las personas con ellas

Tan densas

y pesadas

escarban

y cavan

hondo.

 

 

De adulto caen los días y me parezco más a las piedras

Con-pensar cada minuto en la tierra

Tan ligera que solo reposa…

presente

sin rumbo.

 

 

 

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