252. Año 10 | 1.ª Ed. Quincenal Dic. 2025 | EVANGELINA VERÓNICA DIP – Anatomía del espejismo

EVANGELINA VERÓNICA DIP es una autora y psicóloga argentina, exploradora de mundos interiores y enamorada de las palabras como refugio y territorio de creación. Ha sido seleccionada para diversas antologías literarias, y actualmente se encuentra escribiendo su primer poemario. En su tiempo libre disfruta del arte en todas sus formas, la naturaleza y los animales.

 

 

La revolución de las palabras

 

La intemperie es la patria involuntaria

de los olvidados que duermen bajo el cielo,

abrazados al frío, la noche como único testigo

de cuerpos que nadie mira, hijos del desamparo.

El hambre es un nudo en la garganta del mundo,

un fantasma que siempre se sienta a la mesa,

una astilla antigua pero siempre renovada,

que cose hilos de desesperación

en madres que reparten raciones,

como si pudieran multiplicar milagros.

 

Las resistencias cotidianas no tienen

lugar en las noticias de cada día:

héroes sin nombres ni medallas,

aquellos que espantan la soledad,

sostienen manos anónimas,

pelean contra sombras que no aparecen

en ninguna estadística.

La desigualdad es cicatriz que cruza épocas,

territorios, culturas, siglos de espera en vano.

El poder repite su farsa, impune,

siniestra maquinaria de engranajes implacables

que mastica promesas vacías,

arquitectos de ruinas disfrazadas de discursos.

Pienso en el mundo que imaginaron mis abuelos,

sus sueños doblados prolijamente

en el cajón de la memoria,

esperando algo que nunca llegó.

 

El pueblo siempre caminó solo, cansado y herido,

pero no dejó de caminar.

La revolución de las palabras

nace en susurros quebrados,

crece en gargantas que arden;

es un acto pequeño, pero feroz,

una chispa que se obstina

en permanecer encendida.

Es la herramienta de todos aquellos

que no tienen más que su voz.

Un poema también puede ser trinchera, refugio,

barricada levantada con la pena viva

de los que ya no pueden callar.

Porque cada gesto insiste en sobrevivir,

cada abrazo es un manifiesto,

cada palabra, faro encendido en la tormenta.

El mundo cambia un poco

cada vez que alguien se atreve

a nombrar lo que duele.

 

 

El camino de regreso

 

Vuelvo, no sé si al principio o al final, o a esa curva

del alma donde uno entiende que siempre estuvo

yéndose, sólo para encontrar la excusa de regresar.

Vuelvo a un cuarto donde el polvo habla bajo, donde

una risa antigua se cuela por las hendijas, como si

el tiempo siguiera cocinando algo a fuego lento.

El mundo era pequeño y bastaba con abrir los brazos

para abarcarlo; vuelvo a ese olor, a esa tibieza

que quedó suspendida en el aire, cuando la vida

todavía no sabía romperme.

 

Regreso a vos también, a tu nombre que aprendió

a esperarme, aunque yo me perdiera en veredas rotas,

en amores que eran mapas sin brújula, en noches

que confundían deseo con destino; vuelvo al lugar

donde me quebré, allí donde una parte de mí

se quedó sentada, mirando el horizonte, con ojos

llenos de preguntas, como quien toca una cicatriz

para entender la historia que lo habita.

No importa el tiempo que pase; la luz que me diste

un día, todavía me acompaña.

 

Vuelvo a tu mirada clara, como quien vuelve a la luz

después de tanto descender al abismo; regreso a mí,

a la que fui antes de los naufragios, a la que guardé

bajo siete llaves, por miedo a que el mundo la lastimara;

me busco, me nombro, me dejo caer, hasta encontrar

en mis manos la luz que no supe ver a tiempo.

No soy la que era, tampoco soy algo nuevo del todo:

en ese extraño lapso, el alma se acomoda como puede.

El sendero sigue donde siempre, pero ahora la piel aprende

el latido de su música nueva.

 

Camino hacia adelante, y con cada paso siento la caricia

tibia de lo que tuve, de lo que perdí; cada regreso me arma

distinto, me reacomoda, me reinventa con suavidad de aurora.

Los caminos también duelen; uno nunca vuelve igual.

Las piedras siguen en el mismo lugar, tropiece

con ellas o no; vuelvo a la sombra que fui, la abrazo,

le digo que ya no está sola.

 

Pero en el regreso descubro algo simple, sagrado:

las despedidas se abren como ventanas, y el pasado

ya no es un fantasma, sino una constelación que guía.

Y si vuelvo —siempre vuelvo— es porque en algún rincón

del mundo hay alguien que todavía me nombra.

Donde fui herida, ahora soy raíz, y donde hubo silencio

ahora florece mi voz,

una casa que respira,

una señal que invita,

una versión mía que se yergue, luminosa,

esperando a que yo también regrese.

 

 

Anatomía del espejismo

 

Soy piel antes que nombre,

soy geografía sin coordenadas.

Me recorren con palabras

como si fueran un bisturí,

pero nadie logra extraer

el secreto que guardo.

 

En mí respiran lenguajes,

tatuajes invisibles,

ciclos de luna y deseo.

Soy la huella de un goce

que nunca se repite igual.

 

Me miden, me pesan, me juzgan;

creen que mi forma es mi esencia.

No saben que mi silueta

se disuelve como humo

en cuanto cierro los ojos.

 

¿Quién decide quién soy?

¿El espejo? ¿El otro? ¿La memoria?

Yo sólo sé que en mis costillas

anida un pájaro sin nombre,

que late cada vez

que alguien me llama.

 

El cuerpo es mi pasaporte

a un mundo que no entiende

que la identidad también se muda,

se exilia,

se rompe y renace

como una cicatriz luminosa.

 

Y cuando ya no sé si existo,

me toco:

la sangre confirma,

la respiración insiste,

la piel devuelve su verdad.

 

Soy territorio que sangra

y florece

Este cuerpo es mapa:

cada surco es frontera,

cada cicatriz, camino.

En la memoria de la piel

guardo la infancia,

los juegos, las caídas,

el camino que me abrió el lenguaje,

la primera risa que me encendió la boca,

la primera herida que escribió su huella.

 

Soy territorio habitado

por voces que no callan,

por recuerdos que duermen

y se anidan en los rincones

que el tiempo no olvida.

Aquí la memoria no es abstracta:

vive en cada aliento, en cada eco

de las marcas que dejaron

todas las manos

que me amaron.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *