261. Año 10 | 2.ª Ed. Quincenal Dic. 2025 | DAYLEN RODRÍGUEZ ALEMAÑY – Promesa

DAYLEN RODRÍGUEZ ALEMAÑY es de Cuba, ama México, reside en Estados Unidos, pero sueña con mudarse a España. La poesía y la escritura la están ayudando a encontrar su lugar en el mundo. Adora los gatos y anhela dedicarse al psicoanálisis. Pueden encontrarla en Instagram como Jardín, en @labiciyelmarr.

 

 

ICARIAR

 

El poeta Jack Gilbert dijo:
“todo el mundo olvida
que Ícaro también voló (…)
y creo que no estaba
fracasando
mientras caía,
sino tan solo llegando
al final de su triunfo”.

Y pienso que serían palabras
que diría mi analista
al final de una sesión.

Y creo que las eternizaría
en algún lugar de mi cuerpo,
para ver si un día cercano
las hago mías o me convenzo.

Y no quedarme atrapada
únicamente

en eso que falla,
o en lo que no logro,
a pesar del esfuerzo.

 

Y ya no creer que,
porque algo no dura
el tiempo que espero
o termina antes, cuando
todavía lo quiero,
nunca mereció la pena
o nunca su valor fue cierto.

Y no nada más centrarme
en el amargo duelo

que llega con cada final
y derrite, de golpe, la dicha

que sentí

desde que era un anhelo.

 

Y por fin, aprender a honrar
el día presente, el proceso,
el arrojo en cada despegue,
el triunfo

que ya habita

el intento.

 

 

A MI MADRE, EN CUBA

 

Me cuesta ver

con cada foto que me envía

por WhatsApp,

a mi madre envejecer.

Atestiguar cómo

su cuerpo se reduce,

aún cuando no lo hace su sonrisa.

 

Hoy son imágenes de ella

con mi padre, junto al mar.

Y siento culpa por vivir lejos,

por no estar,

-como si estar aliviara la desdicha-.

 

Ahora recuerdo el último verano

allá en Playa del Carmen,

ese instante en que creyó

que se podría ahogar.

Y yo, con el agua

también tapando mi nariz,

yo, la más pequeña de la casa,

sentí que había llegado el día

en que la tenía que salvar.

 

Veo las fotos y rezo

que mi madre dure mucho, más.

Aún espero que sea

abuela de mis hijos,

que me ayude

a organizar un negocio,

ir juntas al santuario de Montserrat.

 

Veo las fotos y le reclamo

-para variar-

que no me haya legado:

la gracia de su cuerpo,

su insistencia arrasadora,

su don de gente,

su rara ingobernabilidad,

 

lo mordaz, a veces,

de sus palabras,

la forma en que logra

hacerse imprescindible,

su magia para construir hogar.

 

 

PROMESA

 

Con toda la devoción del mundo siempre

te voy a odiar un poco: por haberme

visto, por llevarme dentro y no

elegirme de vuelta, por no

haber hecho nada con lo

que un día nombraste

inesperada conexión

-atracción, salvo

negarla y

dejarla

morir.

 

 

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