NATALIA G. IGLESIAS (1991). Compositora y escritora nacida en Navalmoral de la Mata (Cáceres, España). Profesora de conservatorio. En 2024 publica su primer poemario Endémicos pensamientos –desde años de incertidumbre–. La música y los libros son los pilares fundamentales de su vida, junto con la naturaleza y los animales. Web: www.natalia-g-iglesias.com, IG: nataliag.iglesias
En cualquier caso
Apenas había espacio
entre tu ira y la mía.
Apenas había silencios
entre tu mirada y mi mirada.
Sinceridad sin aderezos,
desnuda desesperanza enquistada
que defrauda a tus pretextos.
De ningún modo retendrá
por ingenuo al reacio cansar.
Tan solo una respiración fría,
tan solo una palabra anclada.
Quizá podría haberlo sabido
y nunca lo habría
sentido.
Lo habría negado.
En cualquier caso.
Pesimista
Por temor a perder,
perdí.
Se hizo el silencio.
Lluvia de palabras sin destino,
niebla de sueños sin posible
–desde años de incertidumbre,
ninguna crueldad encubre–.
Durante la feliz agonía
de todos mis futuros contigo
resuena el rechazo
de las vibraciones
que aún trato
de comprender,
burdas ironías.
Nos encontramos
en diferentes dimensiones,
a media vida de distancia
entre las que se intercambian
aprecio y desprecio.
A lo lejos, casi en la esquina
–Calle del Brillante Desengaño–,
en un castillo de mentiras
inútilmente aguarda
un príncipe de melocotón
que rescatado
no quiere ser.
Sobre su manto de platón
reposará la sempiterna duda.
El rojo y el negro se entremezclaron,
en un último roce fingido
y, a mí, bóveda alguna
me resguarda
tras el crepúsculo absorber.
He enviado la letra más sincera.
He lanzado el grito más desgarrador.
Mientras, fieles, cientos de espectros
siento rodeándome en la desilusión.
El estertor del cuento
se agita en su desaliento.
Si con zozobra muriera…
¡moriría el rumor de opresión!
Que desaparezca una psique
incierta en la verdad de mis pesadillas.
Que desaparezca un reloj
incierto en la verdad de mis sueños.
Toda la arena se ha evaporado,
encerrada dentro del vidrio,
impasible a la expectación
y provocada sin nada que lo justifique,
sin razón que la entienda.
Sin un distante abrazo.
Con mil insípidas sensaciones.
Sin la más sosegada tristeza.
Con el más puro anonimato.
Inútil presa del contingente
suicidio,
al ritmo de sus pasos sonarán
nuestros fantasmas en el cementerio.
Por temor a no verte,
no te vi.
¿Cómo apagar
en mi cabeza
el incendio?
Lo que más temía me sucede,
lo que más me aterraba me acontece:
vivo sin paz, sin calma, sin descanso,
en puro sobresalto.
Ilusa
Aunque sea fugazmente,
Baluarte de nostalgia,
Erráticos sueños
Llegan aletargados.
Ser la cuestión es consciente
de que no hay ninguna magia.
Son astillas, fragmentos
en nosotros forzados.
Aunque sea fugazmente,
después habitan,
se mantienen con vida,
en un tal enmarañamiento
enfermizo de recuerdos.
Consumiéndose tan aprisa
como de la madera
más blanda el tronco.
Absurdamente creyera,
yo, siempre febril ilusa,
prisionera del desnudo.
Quince años todos
reducidos a cenizas.
Aunque sea fugazmente,
cinco días solos
quemados entre humo.
Poemas pertenecientes a: Endémicos pensamientos –desde años de incertidumbre– (2024). Editorial Talón de Aquiles.