GABRIEL MIRANDA, chileno viviendo en la región de magallanes, actualmente estudiante de ingeniería industrial, dedicado a la construcción y amante de la poesía que le embarga el alma, escribe porque las tormentas en el interior se apaciguan con versos. Ha participado en variados concursos e poesía y porfa parte de un par de antologías. Actualmente publica sus textos en Instagram, bajo el seudónimo de @verso_en_prosa y también cuenta con su primer poemario publicado en Amazon, titulado “Versos al borde del alma”.
CARTA SIN REMITE
No éramos todo, éramos nada,
éramos un halo de luz que disipa la penumbra,
éramos la esperanza que se esconde bajo el cielo de colores
éramos todo eso, pero nada.
No éramos nada,
éramos tormenta desenfrenada en cada beso…
éramos silencio,
nos decíamos todo solo con la mirada,
éramos toso eso, pero nada.
No éramos todo,
éramos un instante que se pierde en el horizonte,
la nube de pasión que se esfuma con el viento
que provoca el suave susurro de su amanecer,
éramos todo eso, pero nada.
No éramos nada,
nuestras manos se fundían bajo la sombra de nuestras caricias,
ellas hablaban,
nuestras almas a sus sollozos se entregaban,
éramos todo eso, pero nada.
P.D. ¿Habrá alguien que lea lo que nunca se escribió?
¿Dónde yaces, cuando no te veo en el horizonte?
¿Dónde va el amor?
¿Dónde va cuando amanece envuelto en las ansias de migrar?
No lo sé…
Sé dónde van las aves cuando ruge la tormenta,
¿Pero el amor?
El amor, cuando está desahuciado, no lo sé…
Sé dónde inicia y termina el cauce de aguas cristalinas,
conozco su ciclo incesante,
¿Pero el amor?
Cuando su torrente se queda sin fuerzas y solo queda la arena entre sus huellas,
no sé dónde va…
las nubes también tienen su guarida,
las he visto nacer entre las gélidas rocas,
conozco cada una de sus etapas,
¿Pero el amor?
Aunque lo vivo a diario, es un misterio,
es un cúmulo de sentimientos que no sé ponerle nombre.
He visto cómo las manos calman las bestias más fieras,
las he visto con su espuma repartida entre sus mejillas,
convertidas en seda…
¿Pero el amor?
Se precisa como seda, pero es indomable, vehemente.
¿Dónde va el amor?
Tengo enumerados del arcoíris cada color,
Su textura,
Su inicio,
Su aroma y composición…
¿Pero el amor?
Es imprevisto,
huracán con decisiones propias.
CONFIESO QUE LLEGUÉ TARDE.
Hay confesiones que se hacen porque pesan en el aire, como si les dieran ritmo a nuestros lamentos, hay decisiones que nunca se tomaron y quedaron cual carta olvidada en el papel que se destiñe con el paso de los días.
Hay noticias que esperamos nunca recibir porque cuando llegan, solo lo hacen para dejar al descubierto el egoísmo que habita nuestros pasos, es que nos rodeamos, pero solo somo seres solitarios condenados a no sentir.
Vuela alto escuché decir muchas veces mientras de los claros
se disipaba su brillo,
cuando y no había como salir de la densa oscuridad que envolvía el alma.
“Danos el consuelo”
Vociferan al unísono, como si acaso eso les lavara la culpa
De andar con los sentimientos castrados.
“Cuídanos desde el cielo”
Pero ¿cómo ha de llegar si en vez de enseñarle a volar pusimos sus alas en cautividad?
Rosarios y plegarias inundan nuestras pupilas,
pero cuando le tuvimos al costado,
le tuvimos como azotado.
“Danos hoy nuestro pan de cada día”
Cuantas veces exclamamos, pero nunca tendimos la mano.
No tienes derecho a decir vuela alto si su quebranto nunca incomodó tu cuarto.
Nunca te lo dije, pero…
Que vano hablar cuando nadie escucha,
Como si eso expiara de mi conciencia el egoísmo emocional.
De que me sirve prenderte velas,
Si tus brazos se ahogaron esperando auxilio,
Mientras mis manos quedaban taciturnas en el bolsillo.
P.D. Un abrazo muchas veces se viste de hogar,
cuando el cielo cae con sus grises, son el único amparo,
son calma para el alma y luz para frenar cuantas despedidas.