VARINIA SOLEDAD CASATI (Argentina, 1993) es escritora, profesora y autora de La piel de mi palabra (Talón de Aquiles, 2026). Su labor ha sido reconocida en certámenes internacionales y seleccionada para diversas antologías de relato y lírica. Utilizando la economía del lenguaje y una búsqueda de precisión en la metáfora, su obra explora la memoria con una poética que oscila entre el rigor formal y el verso libre. Actualmente reside en España. IG: @variniacasati
I
De pronto está
sobre la mesa,
en la brumosa
estela
de algún sueño olvidado,
bajo la tierra
de estas manos
que no festejan
ni te amortiguan.
En la memoria musical
de las cosas antiguas,
en el doble de su doble,
en las balas de la calle,
en el descuido,
en el desastre,
en la caída
de las posibilidades.
Parece que no sabe
el bienmesabe
y todo placer es artificio,
juego de luz
volando a media sombra.
¡Maldito sea el purgatorio,
el café que destilan los velorios,
el frío de los pies de los mendigos!
El verso que yo escribo
también está en el vómito.
La poesía
habita en la orfandad,
en la mentira,
en el disfraz
que rima con necesidad
y que me mira
con los ojos terribles
de esta noche.
II
Regadas con la sal
de innoble llanto,
las flores de mi mal
crecían hacia abajo.
Igual que aquel otoño patriarcal
sube natura y arrasa
devorando el palacio
que creímos nuestra casa
y el duro corazón del general.
Ya no hay espacio para un grito.
La voz de mando
se pudre con las moscas
que reposan sobre el cuerpo
¿vivo o muerto?,
del dictador
que nunca fue llamado por su nombre
porque él era, en verdad, todos los hombres
mientras la Patria
caminaba sola.
III
Caerá este cielo enardecido,
sin fe ni santoral, atormentado,
testigo de las cosas que no han sido,
mendigo de las sobras del pasado.
Caerán los rayos, el muro que te asedia,
las pestañas ya dispuestas a dormir,
caerá todo el silencio que se quiebra
en truenos que no saben concluir.
Caerá un poema del bolsillo
repleto de maíz y de lenguaje
que parte los pedazos de la tierra.
Caerán eléctricos conejos amarillos
que incendian nuestros ojos, el paisaje
y declaran, a Gaspar Ilóm, la guerra.