141. Año 10: SOFÍA CASTILLÓN | Salvo la sombra

SOFÍA CASTILLÓN (1989, Argentina) es Lic. en Comunicación Social y Mg. en Industrias Culturales (Universidad Nacional de Quilmes). En 2020 ganó el Premio de Poesía Ciudad de Archidona (España). Ha realizado cursos de Poesía Latinoamericana a cargo del poeta Jorge Boccanera y participado en la Cátedra J.M. Coetzee en la Universidad Nacional de San Martín. En 2022 su poemario “Salvo la sombra” fue publicado por la editorial Nueva York Poetry Press. Es directora editorial de Pinap Editora.

 

 

La selección de poemas forma parte del libro “Salvo la sombra”

(Nueva York Poetry Press, 2022)

 

Ballena

 

Me perdí

en el estómago vacío

de una ballena

y descubrí que estaba muerta.

 

Las paredes pegajosas

que gustaba visitar

rompieron su cáscara,

me invitaron a oír

un silencio de piel seca.

 

Entre dientes rotos

baila una voz querida.

Me habla de libros

de películas que no ví

 

y se desgrana sobre la lengua

un Atlas de heridas

 

bulle abierta

la rabia del silencio

Quirón en el éter

la cuida con sal.

 

Camino

entre las costillas enormes

de esta ballena vieja.

 

Como un Panteón romano

se elevan

memorias de adrenalinas gloriosas

se expanden

sus barbas quebradas

 

una bestia dormida en la muerte

una bestia devenida

en monumento de piedra.

 

Tanto cuerpo

desierto

que escurre

su tiempo de arena.

 

¿Dónde habrá quedado

la humedad del canto

cuando esta ballena murió?

 

Me recuesto en la superficie mullida

puedo hacer castillos y pozos

con su polvo

puedo interpretar

el oráculo matemático

que pronosticó kilómetros de vida

a esta ballena encallada

que hoy

dejó descansar sus carnes

al abrazo del viento.

 

Bajo los cielos australes

sin nubes ni estrellas

yace mi cuerpo

una tumba

que aparece y desaparece

en la orilla

con cada nueva ondulación del mar.

 

Las algas dibujan flores

siempre

cubren el animal que habito

con su manto mortuorio.

 

 

Dejala vivir

 

Dejala vivir

que la cucaracha vuelva

por donde vino

dejala

que suba con sus patitas de alambre

por tus manos

que acaricie tu cara

y se meta en tu boca

dejala que recorra la suavidad de tu aliento

que vuelva

de la garganta a la cabeza

hasta los sueños

 

dejala

la cucaracha es una sombra en la memoria

no desprecies la sombra

 

que viva

la cucaracha también tiene lunas rojas

también cantan coros en su tragedia

 

dejala vivir

que alimente tu fuego

con suciedades

que viva y se muestre

crujiente

entre tus labios

 

que la cucaracha viva

sea a tus ojos

el reflejo de una bestia.

 

 

Receta

 

Sobre la mesa estéril

una mujer con alas.

 

El chef repasa la receta heredada

con sus manos

humedece el gusto.

 

Alza el lomo

y arquea.

 

Es un león

que observa la presa.

Los vellos de su nuca

se erizan

sabe que el segundo de espera

es un deleite

un cisne blanco en la noche profunda

Odette muriendo en la orilla.

 

Lo primero

para preparar una mujer alada

es romperla.

 

Romper el ala derecha

romper el ala izquierda

y desplumar.

Mejor en vida.

Que la sal de la pluma

se integre a la carne

y desgrase el nombre

hasta la memoria.

 

Importante

sentir entre los dedos

la consistencia granulosa de la piel

un pequeño vacío en cada poro

un cráter hecho de alfiler

un volcán de sangre.

 

Separar las patas sin dañar el muslo

parte carnosa del miedo.

Palpar con los dedos

hasta encontrar la herida.

 

Hacer caso omiso al llanto

pero no desperdiciar

los minerales, los peces

los azules profundos

que allí se esconden.

 

Sellar el pico si grita

no dejar que se apelmace

ni que pierda ternura.

Si pasa

inyectar ron, whisky.

Si pasa, dejar gritar

sobre una superficie plana

y ablandar la carne

con su propia voz.

 

Rellenar la mujer a gusto

miel, cebolla de verdeo, laurel

zanahorias, berenjenas.

El relleno especiado tiene mejor sabor

si se empieza a degustar por el nombre

si se pronuncia el nombre de su madre

si se pronuncia el nombre de su abuela

si se menciona primero su color o su andar

si se empieza a comer por la lengua

por las palabras queridas.

 

La mujer alada

rara vez

se resiste

pero si lo hace

seguir.

 

Si acusa, si pide

si niega

seguir.

 

Si se pasa de sal, hervir

hasta que ruegue

hasta que nombre algún dios

hasta que lo único que pueda

o sepa pedir

es

que la rellenen.

 

El tiempo de cocción es breve.

A veces

la temperatura de la sangre

cuece su propia carne

y la deja a punto.

 

Servir en la mesa

con espumoso extra brut

y disfrutar

acompañado.

 

Preparar una mujer alada

es un ritual colectivo.

 

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