MARA ALVAREZ (Durango, 1993) es poeta, escritora, cineasta y fotógrafa mexicana radicada en Vancouver, Canadá. Su trabajo explora migración, memoria y pertenencia, y ha sido publicado por el Vancouver Writers Fest (2025) y seleccionado para el catálogo Relieve del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo. Fundadora de ROLL, un ciclo mensual de lectura poesía en Vancouver, combina su experiencia en cine independiente con la gestión cultural y la defensa de los derechos humanos.
Te mandé llamar para preguntarte
Entre sueños, te zangoloteo:
¿Qué estás haciendo?
¿A quién le das tus días?
La espalda rota,
aliento futuro—
todo eco, que quizá no llegue.
Antes de que despiertes,
quiero recordarte:
hay guerras que se pelean de pie
y guerras donde uno se arrastra
sin siquiera saber por qué.
Hoy te miro
sin agua,
sin sombra,
sin tiempo.
Trabajas hasta el amanecer
para un dios
que no te escucha,
por un sueño
que no es tuyo.
Te mandé llamar
para saber si aún recuerdas
quiénes fuimos.
Si aún sueñas con crear
algo que no se venda.
O si el llamado progreso—
ese que prometía todo,
te dejó sin voz
te dejó sin suelo.
O quizá te mató.
La paciencia,
las ganas de casa,
la vida que dijiste
sería tuya
y que ahora
es de ellos.
Dime con la puerta abierta.
(Oda a la primera casa)
Siempre.
Inevitable.
Absurda.
Clara.
Religiosamente,
te amo.
Te cargo.
En las plantas de los pies.
En el intestino.
En los pechos vivos.
Amamantando a otro,
de piel distinta,
fruto de la ilusión
que se rompe al pensarte.
Te amo.
Me arrepiento.
Soy turista
en tu invierno.
Y cada vez, al volver,
al decirme “quédate”,
al decirme “conóceme”,
tiemblo.
Miro el reloj.
Pienso en todo lo que no soy:
no soy creyente,
ni amante de nadie.
Me siento
a la orilla de mí
a soltar tu nombre.
Me repito:
sin conocerte
no es sensato amarte.
Pero sueño, esa noche,
que vuelvo.
Te converso.
Te siento.
Te vivo.
México.
Amante eterno.
Dime con la puerta abierta:
“Aquí te cuido.”
Y no me mientas.
Y si has de mentir,
hazlo sutilmente.
Hazlo como yo lo hice:
al irme,
al prometerme
no pensarte.
Te espero.
La palabra correcta
Se me escapa
cada vez que intento
nombrarte.
Describirte.
Vivirte de nuevo.
La última vez que nos vimos
te entendí como origen.
Te lo dije.
Sonreíste.
Dijiste:
inténtalo de nuevo.
Entonces te sentí:
lucha,
fuego,
libertad que no alcanzo.
Te busqué
en este poema.
No te encontré ni a ti
ni a la palabra correcta—
una que le haga justicia
a la virtud
que es tu boca.