192. Año 10 | 1.ª Ed. Quincenal Sep. 2025 | DIANA ALVAREZ MEJÍA – Memoria

Diana Alvarez Mejía (México, 1990) Publicó el libro Me mataría en Marzo (2023) una co-traducción de Hilda Hilst del portugués al español con Marco Antonio Bojórquez por medio de la Biblioteca Capilla Alfonsina, UANL. Publicó el capítulo “Otro, tiempo y muerte: un diálogo entre Hilda Hilst y Emmanuel Lévinas” (2021) en el libro Letras latinoamericanas inadvertidas editado por la Universidad Iberoamericana y “La traducción como metáfora” (2022) en Figuras, revista académica de investigación. Ha publicado una serie de poemas en Revista Primera Página; en revista Santa Rabia Poetry (2024) y en revista Letralia, tierra de letras (2025).

 

 

Julio

 

Podría poner en un cantarito este cariño en pétalos,

guardarlo en el armario hasta que el tiempo los marchite,

hacerse naturaleza muerta y regresar ahí cada tarde de Julio.

Pero no, lo tomo entre mis manos, lo abrazo a mi pecho

y dejo que su agua me empape hasta el ombligo.

El agua que se escurre toca el piso para hacer camino

y llena de besos la madera que se cuelan entre las ranuras.

En ese espacio, se asoma este amor en soledad,

peleando por salvar los cristales de tus ojos,

atrapando los colibrís de tu pelo,

besarlos para después soltarlos entre mis dedos.

 

Y nos queda sólo lo íntimo,

un puente de aire que nadie se atreve a cruzar,

la niebla que cubre nuestros párpados,

la incertidumbre en un abrazo.

 

A lo lejos la gravedad de una risa,

la rotación de una lágrima,

la espera sentados en la puerta,

el deseo de que esta noche pase en silencio…

aferrados a los soles que guardamos en nuestras manos.

 

 

Azul

 

A mi hermana

 

Tocar el agua salada con las yemas,

pronunciar su espuma entre los dientes,

afirmar que dentro yace un infinito,

donde la noche atrapa las luciérnagas,

mientras el fuego quema todas las mañanas.

 

Mirar al horizonte como punto de partida,

para no caer en un espiral de pensamientos,

los pies dentro de cada remolino,

y en azul la luz colada como dedos.

 

Beber su agua como naufrago perdido,

recordando que la arena son piedras que guardan la memoria,

que es el fondo la historia de este mundo,

y el sargazo la saliva de las promesas rotas.

 

Decir a la marea en cada trueno,

susurrar una bendición entre las olas,

que se interne en cada océano y sus ríos,

para así limpiar todos los pecados cometidos.

 

 

Memoria

 

La memoria es una piedra

guarda, pero se desgasta

resiste al sol

resiste al viento

resiste al agua,

hasta que el río con fuerza la atraviesa.

En cada espacio se cuela

la somete

la raspa

la reduce

Y sólo quedan las sobras.

Lisa es la memoria, compacta.

Reúne el tiempo que la formó,

la resistencia a las risas,

a los adioses,

a los silencios.

Es la zozobra, testigo de lo efímero.

Es una piedra -memoria-

para guardarla en el bolsillo

 

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