ALEJANDRA SOLANO nació en Puntarenas, Costa Rica el 2 de diciembre en 1999. Su primer gran logró fue aprender a leer, antes de aprender a andar en bicicleta, de lo segundo nunca aprendió. Comenzó su carrera universitaria estudiando el Bachillerato en Filología Clásica en la Universidad de Costa Rica. En el 2023, cruzó los océanos, mudándose a Alemania, convirtiéndose en migrante, actualmente estudia el programa de Estudios Europeos: Cultura y Sociedad, en la Universidad Europea de Flensburgo. Trata siempre de llevar el sol de su tierra, cerquita de sí.
El bolso y las cucarachas
Yo vivía como Gregorio,
encerrada en un cuarto por el que se volaba la luz en el que aun así lograba
estar habitada por la oscuridad.
No me sentía escarabajo,
me sentía garrapata a la inversa
porque en vez de chupar sangre podía sentir como los demás tomaban de mí.
Abrían la puerta, soltaban sus perjurios y a cambio se llevaban mis energías.
Cada vez que hacía un intento de salir y apropiarme de mi título de adulta,
decenas de manzanas apuntaba cual flanco a cada una de mis culpas.
Tomándolas de las patas, me encerré con ellas.
Y dormimos abrazadas.
De mi bolso de niña grande salían cucarachas, ¿A razón del desuso?
Eso no lo sé.
El miedo de que cada vez que quisiera tomar un bolso colgante de la puerta
mi dedo tocará una de sus antenas.
Hacían que fuera yo la que se pusiera en alerta.
Las mataba y las mataba,
rociaba veneno,
las estrellaba con la suela
Pedía ayuda para deshacerme de ellas.
La solución que encontraron fue deshacerse de mí.
¿Así se aborta una familia?
Te expropio de tu nombre
pues ya no te siento más.
Si hubiese sabido años atrás
que tal ligamento se rompería al cruzar la puerta.
Me hubiese ahorrado unos cuantos aviones.
Las palabras tienen poder,
por lo que no puedo seguir perpetuando el tuyo.
Ya no más.
Y me duele.
Me duele dejar de llamarte
madre.
a una que aún no yace bajo tierra.
Y dejar de llamarte
padre
a aquel que la vida me había dado.
Tras haberme arrebatado el mío.
Uno a uno me despido de mis hermanos
besos y abrazos, a quienes besos
y abrazos se merezcan.
Para otros bastará un frío apretón de manos
antes de empujar mi maleta
y asegurarme de no volver.
¿Cómo se vive un luto de alguien que aún vive?
¿Cómo se lamenta sin llamarle a cobrar todas las lágrimas que gastaste en ellos?
Quizás esas lágrimas se puedan pagar en dólares.
O quizás se incluían en las letras pequeñas
Cuando te asignan un apellido.
Confesión para salvarse del purgatorio
El amor que te tengo permitió
que me trataras de esta manera:
como tu pecado favorito,
expiaste tus culpas usando todo de mí
cual purgatorio.
No puedo permitir que este amor maligno,
me impida salir adelante.
Te busco en otros cuerpos, pero tu omnipresencia
se manifiesta en el toque de sus manos.
Y cuando la noche caía.
una plegaria buscaba eliminar tus pensamientos impuros.
Mientras que, en mi cama, una plegaria
buscaba borrar el olor que dejaste al marcharte.
Creíamos que haríamos esto funcionar,
pero es injusto ver como pasan los años
y como el grillete en mi tobillo me impide
buscar tu reemplazo, la llave que cuelga
del cuello blanco de tu sotana.
El tiempo pasa y Cristo muere y revive
una y otra vez.
La navidad llega y tu Cristo nace para que yo lo mate
una y otra vez.
Tu ves que yo muero, al estar escondida
como tu pecado favorito,
aquel que confiesas en tus momentos más íntimos.
Aquel a quien le ruegas entre gemidos,
pues en tus plegarias solo se escucha mi nombre.
Pidiéndome más.
Dime mi amor,
¿Cuánto más estás dispuesto a arder en este infierno?
Este pecado, es tan tuyo como mío
es aquel que tragas para dejar escondido,
pues la sangre todo lo borra,
en especial cuando esta viene
en forma de vino.