MARTÍN GRINBERG FAIGÓN nace el 9 de octubre de 1990 en Vallcarca, Barcelona. Graduado en Estudios Literarios, da talleres de poesía y percusión, además de dedicarse a la enseñanza secundaria. Aire a tiempo (Stonberg, 2023), su cuarto libro de poemas, es el primero en verse publicado. Ha publicado, además, en diversas revistas, entre ellas: La Otra – Revista de poesía, Alga – Revista de Literatura, Calycanto o La Metxa.
Lisboa es mi tercer ojo,
mi fauce de agua ––
en el páramo,
la pintura en el muro
que alguien eleva en las ruinas.
En el fondo soy
de brillo fácil,
mi arena es como la arena,
y cabe en el mundo
de una mano,
como oro.
Soy feliz con el vuelo
de una ventana
a la altura de la calle
He sentido el mar sabiendo todo,
he visto el árbol nacer del silencio,
y entre las ramas imaginé
inventar a dios.
Una vez sentí un rugido
dentro de un soplo
y todo eso no era nada
salvo o sorriso da palmeira.
Lenguaje de hocicos, de movimiento.
Creo que la quietud es oscura
y finalmente luminosa,
al revés que el aliento.
Creo que la gracia a veces habla
y tiene rostro, y a veces nos toca
con las manos.
Creo en los ángeles de la guarda
de este mundo.
No creo en dios nada,
(no he seguido el camino de la meditación).
Con mi perra Lucky entendí algo
más grande que todo esto, y luego
en los viajes
cuando erré por las ciudades
encontré paredes que comprendían esta historia
con las manos.
*
hoy después de pasar escoba y
limpio el suelo
maté con Mil años de poesía europea (Francisco Rico, 2009)
una pobre garrapata
sin perro
todo
por tener a mano
Mil años de poesía europea
y tomo gordo.
*
Todo el mundo sabe que la poesía no es triste
Lo que es tal vez es imposible
En mi ciudad es tarde para ver
No han extendido aún la primavera
Yo estuve triste muchas veces, pero mis versos fueron siempre
alegres.
Quiero regalarte el avión más hermoso de mi ventana.
Todos son bellos
Dejan su estela roja en la tarde
Y se pierden en las nubes para abrasar el cielo.
Los versos corren demasiado
Hay que esperarlos.
Se pierden en la alegría
para regalarte la claridad.
Como ves, hay otra estela,
Los frutos cuestan de amar:
Amanecidos desde dentro de la luz
Si hundes tu mano
hallará un caudal inmenso
y mojada vendrá sabiendo el mar.
Hay siempre una ternura por mecerse
Y nunca es triste un color, porque endurece junto al cielo
El pie de una mujer, el pie de un hombre,
el pie de un niño
La fuente de los impares
disputando su eternidad.
Estoy apuntando al globo
que encierra el mundo hermoso del mundo
El amor-aún-no-acontecido
Con mi flecha herida por tres bandas
Y re-afilada aún con mis cuchillos
y rellenada aún de dinamita.
La gente a veces dice: qué tristeza la poesía
Yo sé dónde va a dar
y dónde caerá.
Es una poesía sublime. Es POESÍA. Entonces no caben palabras ulteriores. Aplausos , abrazos ,estrellas y un SOL que lo ilumine siempre.
H E R M O S O !!!!!!!
Es una poesía llena de sentimientos que pa te ayuda a liberar el alma, te hace adentrarte en un tiempo sin tiempo. Un espacio libre de condicionantes cotidianos.
Gracias Martín
Profundo y precioso. Alegre y triste a la vez como la vida
La alegría en estos versos es la fuerza que un corazón hace por estirar una tristeza y encontrar sus colores. Qué maravilla de melodías, de viajes, de ventanas.
versos que transportan la imaginación que vibran y fluyen solos. Hermoso viaje poético me encantó! felicitaciones Martin!
El ritmo cortado y sin embargo enlazado como se cortan y enlazan las frases y los sentimientos. Bellísimo.