MARIANELA SOTO MONCADA. Poeta chilena autodidacta, nacida en Gorbea, Araucanía. Formada como Educadora Diferencial y poseedora de un genuino compromiso por la cultura y el arte, se desempeña como recepcionista en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende, en la ciudad de Santiago. Es autora del poemario Guijarros & Perlas, obra que explora la identidad y belleza de lo cotidiano. Su poesía, de lírica íntima y lenguaje evocador, ha sido reconocida en diversas antologías internacionales y la consolida como una voz poética emergente en la literatura contemporánea.
OFRENDA
Asaltan de noche tus palabras
Como una letanía inconexa
En la oscuridad de tu ausencia
Tengo huérfanos los recuerdos
No te he pensado menos
Y aunque bien mereces mi silencio
Cada palabra es una ofrenda
Jirones, música y barahúnda
Ansias con insomnio
Murmullos matutinos que no saben
Si cabe todavía algún razonamiento
Y -por inútil que parezca- alguna espera
Estas letras son ánfora preciosa
Que abraza celosamente
Los secretos de tu piel
Mudo testimonio
Aseveración susurrante
Eco, espejo y mariposa
Asueto en tiempos de hastío
En tiempos de reclusión mi santuario
SIEMPREVIVA
Amor
Mucho amor
Siempre amor
Mi siempreviva
Mi cuna silvestre
Amor eterno
Inequívoco amor
Tu boca es de luna
Surte mi alma
Tu sonrisa primigenia
Anidan mis manos
En tu regazo
En tu cuello
Mis besos primeros
De ti emergen
Mis raíces imparables
Y surgen como pétalos
Mis audaces años
Veranos de durazno
Tardes de cereza
Relojes parpadeando
En mitad del cielo
La primavera contigo
Mi bella hortensia
Contigo mis cabellos
Crispados como dalias
Llovizna y arcoíris
Jugarreta y zalagarda
Contigo rojos cardenales
Y ligustrina acicalada
Tú, almácigo sagrado
Puelche y vergel
Tú, escampada de aguacero
Relámpago sin aspaviento
Soplo fulgurante
En mis noches sin tregua
Inviernos a tu amparo
Y en las postrimerías
De tu último otoño
Contigo el cauce
De todas mis mareas
OTOÑO COMO ENTONCES
Atraviesa el aire mi voz
Para nombrarte una vez más
Tardías sílabas penden de un hilo
De la memoria se descuelgan
Como racimos los recuerdos
En la piel guardo todavía
El suave tacto
Tu fragancia errante
Dibujando palmo a palmo
Mi trémula silueta
Guardo la luz del sol
Acariciando generosamente la tarde
Y el roce imperecedero
De mis brazos rodeando tu cintura
El minuto en que se estrella
En tu pecho el eco primerizo de mi suspiro
La dulzura del beso que encuentra
En otros labios su remanso
El abrazo que aquieta
En otro cuerpo su locura
Mientras el vuelo de un cernícalo
Se curva en el cielo
Mi voz estampa en el aire su quejido
Es otoño como entonces
Otoño de aguda brisa y arreboles
Desata el crepúsculo sus vaivenes
Y los girasoles despliegan
-Al unísono- su flamante ropaje
Complicidad de copioso verde:
Corolas de oro entre las sombras