DANILO PERALTA. Es comunicador social y periodista colombiano originario de la ciudad de Bogotá. Su interés por el periodismo cultural y su pasión por las letras le han llevado a explorar la música como un género literario más. Ha sido publicado en varias antologías a nivel internacional, buscando que su participación con las letras sea eterna como el mismo deseo de escribir
CUMBIA
Hojas de orquídea,
recogidas que labran las manos
reposan en cabellos de cantadoras,
enredando su historia en un color.
Gargantas también talladas.
La voz viaja en cajas de madera,
descansa la pollera,
decorada con duelos y esperanza.
Alguien lloró en la Ciénaga
el cielo se inclinó a consolar y alcanzó a la luna,
la naturaleza abrió sus manos,
y volaron las aves.
La piel del animal vibra en los tambores, lo golpean:
dolor traducido en música.
Un niño cae del árbol,
de la rama partida brota el arte.
Danza sobre piedras resecas,
luna, sol, un cortejo bordado en luz.
La sangre dibuja un pentagrama en el suelo:
el bailarín convierte su herida en libertad.
Vallenato
Al árbol el crecimiento de sus hojas
como al músico su acordeón;
a la playa la extensión de su territorio
como al músico, su voz.
Escribir un poema a los ríos
es declarar la guerra a las estrellas,
sellar el amor con un beso en el zaguán de la casa de la abuela,
todo lo que se entrega es la promesa de no dejar de escribir.
El viaje es tan largo como los sueños,
la tradición es no dejar morir un nombre, una madre,
un cacique y una doncella que bajan de su trono
y cosechan una multitud.
Muerte a las huellas para que suban las notas
vida al viento
que las hace viajar.
Noche, eterna noche necesaria para componer.
El arrebol y el valle son fruto de la misma copa;
el viento, el golpe y la sacudida.
La música es un espejo del alma
y su dolor.
Ese es el cuento del canto.
Los 4 vientos empujan
ni el diablo tiene tiempo de retar
al corazón que tiene un romance con el mar.
Miedo a la noche
Todo lo que viene de la noche termina siendo silencio
hasta el mismo silencio viaja con cuidado durante la noche.
Miedo y temor por tropezar
y caer sobre una almohada equivocada.
Tregua por la noche
que espera un lugar en la habitación.
Tregua con la memoria
Tregua a lo que protege.
Todo movimiento es creador.
De momento, el cuerpo es solo la unión
de las ideas que se lanzan al otro lado del universo
y devuelve en forma finita.
Pero esa misma es la noche que termina estacionada
al pie de la ventana del artista.
Como un bosque observando a la costa
custodio del agua, al muelle y a su pescador.
Y ya no sé a cuántos árboles estoy de la costa
a cuántos pasos estoy de encontrarme
a cuántos versos, estoy del olvido
y a cuántas noches estoy del silencio.