LUISA MARTINA. Nació en Madrid un día de octubre de 1974 y ha dedicado su vida a vivir esa península llamada España creando hogar allá por donde pasa. Escritora desde niña, llegó accidentalmente a la poesía gracias a un buen amigo en Barcelona, donde ha residido los últimos veinte años y publicado en digital durante diez años en la extinta Charca Literaria Podrías encontrarla en instagram pero las únicas redes que le interesan son las de pescar.
Redondeadas
Y aunque no eres mi gemela, encajamos.
Ternura es lo que siento al verte.
Se me llenan los labios de futuros si te desnudas.
Difícil mostrarse sin atuendos, pudores, ni miedos.
Lo sé.
A mí también me pasa tras los desplantes.
Podría quedarme así cerquita de ti
sin rozarte si quiera
tan solo memorizando tus curvas.
Aunque sabes bien y yo también sé que
nos haremos ovillo
nos tejeremos toda la noche.
Ronronéame.
Ronronéame ahora que sé quién eres
y te sigo queriendo.
Combadas
Te acercas a mí
despacio, despacísimo.
Y me llegas.
Suave, suavísimo
Terciopelo entre nosotras.
Tienes heridas.
Lo sé.
Yo también albergo cicatrices.
Ven.
Suave, suavísima
Seda entre nosotras.
Mis labios en tu cuerpo.
Mis dedos en tu boca.
Tú en mi boca.
Despacio, despacísimo.
Nos combamos.
Agua entre nosotras.
Mójame los dedos amor,
mójame los dedos de amor, mi amor.
Deja que me deslice dentro de ti.
Seda entre nosotras.
Corazón-vientre-manos.
Tu sexo en mi boca.
Yo en tu boca.
Si algo quieres de mí.
Pídemelo ahora.
Lo haré.
Te arqueas y me entrego en ti.
Entro en ti.
Entras en mí.
Nos combamos.
Terciopelo.
Tu cuerpo y el mío.
Seda nosotras.
No te vayas aún.
Espérame.
Brinda conmigo este encuentro.
Bebamos.
Entrelazadas
Tú y yo en una sola línea.
Creando figuras enlazadas.
Dibujando en el espacio belleza.
Nutriendo nuestros pechos en nuestros sexos.
Hundiendo nuestras manos en nuestros pulmones.
Entregándonos en balanceo a cada una de nuestras torsiones.
Arqueando nuestras columnas para acoplar nuestras caderas.
No es un deseo, es una apertura.
Un sí.
Un siempre.
Un por supuesto.
Una conjunción evidente
para forjar una única perfecta escultura.
Una unión sólida,
imborrable,
continua,
que perdurará eterna en nuestros cuerpos.
Algo así es el goce.