105. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal Jun. 2026 | JOHN KENNETH GIBSON – Los tanques

JOHN KENNETH GIBSON vive en Carolina del Norte, Estados Unidos. Escribe poesía en español y en inglés. Sus poemas han aparecido en Agradecidas Señas y Poetry Potion. Obtuvo una maestría en español por la Universidad Estatal de Carolina del Norte.

 

 

 

El corpus

 

De “Procesión del Corpus Christi por el interior de la Catedral de Sevilla (1845)” de Joaquín Domínguez Bécquer.

 

El olor de incienso llena el aire. Los acólitos,

en rojo y blanco, balancean los incensarios.

Cuatro sacerdotes en capas doradas portan

los varales del palio blanco sobre el Santísimo.

 

Los feligreses se arrodillan, unos a destiempo.

Las voces del coro suben entre las columnas

envueltas en telas escarlatas y con cintas doradas.

Detrás del desfile se alzan el altar y, a su lado,

 

la plateada custodia de Arfe. Tinieblas misteriosas

gravitan sobre los devotos como la nube oscura

sobre el Monte Horeb o sobre el Monte Tabor.

Desde lo alto, en la penumbra viva,

 

una luz cana y carmesí brilla por la galería

mientras la procesión avanza hacia el umbral.

 

 

 

 

Tu rojo pintalabios

 

Los pinos que rodean mi casa velan

el cielo. Donde el ramaje cede,

las luces de las farolas y la humedad

lo borran todo.

 

Escuché que en ciega oscuridad

se podía ascender por la Vía Láctea a abrazarte

pero no lo creí, hasta el día en que pasé

por encima de las nubes en la montaña pintada.

 

Fijé mis ojos azules en los tuyos oscuros.

Mi cuerpo se estremeció al tocar tu piel morena.

Aspiré tu perfume eléctrico. Una luz roja abrió

la oscuridad—todo brilló como en el parto del universo.

 

Lancé un grito de ahogado.

Recién nacido.

 

 

 

 

Los tanques

 

«Sean raros. Hemos aprendido

está bien ser raro», dice el alumno

en su traje azul con una corbata roja

a sus compañeros de clase

en la escuela media para los superdotados.

 

La subdirectora, en un vestido verde,

pronuncia el nombre del alumno.

Sus familias y amigos gritan y aplauden

y gritan. La directora, sonriendo, da la mano

y entrega el certificado de promoción.

 

Tras la ceremonia, todos se reúnen

en la acera frente al edificio recién pintado.

Una madre sostiene globos dorados

en forma de estrella que se mecen

con la brisa fresca. Una chica sopla burbujas.

 

Las familias conversan mientras avanzan

hacia sus carros junto a una gasolinera

con aleros podridos. Carteles rasgados baten

contra madera contrachapada. Bajo la cubierta,

donde antaño los carros llenaban sus tanques,

 

hay dos montones de mantas. No se mueven.

En la cabecera de uno se alza un andador

con ropa colgando de sus asas. Un pie humano—

desnudo, manchado e hinchado— sobresale

de las mantas contra el concreto.

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