126. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Jun. 2026 | KIMBERLYM MAKARENA BONILLA GASTULO – El puente que no se rompía

KIMBERLYM MAKARENA BONILLA GASTULO es una escritora emergente de Perú interesada en la exploración de la sensibilidad humana a través de la poesía. Su obra se caracteriza por una mirada introspectiva que aborda la paz, la memoria emocional y la reconstrucción interior desde lo cotidiano. Ha desarrollado una voz literaria marcada por la búsqueda de sentido en los vínculos humanos y la experiencia personal. Actualmente participa en proyectos culturales y de formación juvenil. Instagram: @kimy_kimy21

 

 

 

 

El puente que no se rompía

 

Entre dos orillas cansadas de hablarse en silencio,

el agua no discutía, solo seguía su camino,

como si supiera que el tiempo no es enemigo,

sino una forma lenta de reconciliación.

 

Hubo manos que dejaron de buscarse,

no por olvido, sino por miedo a herirse,

y aun así, el puente permanecía de pie

como una promesa que nadie se atrevió a retirar.

 

Una tarde sin testigos cambió el aire,

no hubo palabras, solo un gesto mínimo,

y la distancia, que parecía definitiva,

descubrió que también podía aprender a volver.

 

 

 

 

La paz que no hizo ruido

 

La paz no llegó como llegan los finales,

no trajo anuncios ni fuegos en el cielo,

entró descalza, sin exigir atención,

como quien conoce el valor del silencio.

 

Se sentó entre los restos de una discusión antigua

y dejó que las cosas respiraran distinto,

no borró las heridas,

las volvió menos pesadas.

 

Nadie la vio irse,

porque en realidad no se fue,

solo se quedó habitando lo simple,

lo que ya no necesitaba defenderse.

 

 

 

 

 

Lo que aprendió la confianza

 

La confianza no nació perfecta,

tuvo dudas en la voz, temblores en los ojos,

aprendió a quedarse incluso cuando todo invitaba a huir,

como si el mundo fuera un examen sin respuestas seguras.

 

Fue cayendo y volviendo a empezar,

no por debilidad, sino por insistencia,

descubriendo que creer en alguien

también es una forma de fe hacia uno mismo.

 

Con el tiempo entendió su forma más honesta,

no prometerlo todo,

solo sostener lo posible

sin romper lo que aún estaba creciendo.

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