ANGELO CHACÓN SEQUEIRA (San José, Costa Rica, 2006) es músico, escritor y se desempeña en el ámbito de la enseñanza de la Literatura y el Castellano. Su trabajo creativo abarca la poesía, el teatro, el aforismo, el ensayo y la narrativa breve. Textos suyos han aparecido en revistas y proyectos editoriales de circulación nacional e internacional. También ha realizado traducciones de autores como Charles Baudelaire y H. P. Lovecraft. Su obra se caracteriza por una marcada dimensión simbólica, el diálogo constante con la tradición clásica y una sostenida exploración de lo fantástico como vía de conocimiento estético y espiritual. En sus textos convergen temas como la muerte, la culpa, el destino, la memoria y la reflexión metafísica, articulados mediante una imaginería de fuerte densidad evocadora y una escritura atenta a las tensiones entre lo visible y lo oculto, lo humano y lo trascendente.
Tres poemas deA través del Estigia de Angelo Chacón Sequeira
(Colección de Poesía Panhispánica de Santa Rabia Poetry, Perú, 2026)
El toro de Falaris
Los infelices perecen
dentro de su estómago de cobre,
gritando dolores infernales
en una candente claustrofobia.
Los alaridos desgarradores
se transfiguran
en bramidos placenteros
para el deleite del tirano.
El poeta es como el desgraciado
sentenciado al fuego interior del toro:
su grito lacerante resuena bello,
rítmico y armonioso.
Maldición
¡Cuán malditos seríamos!,
si, juzgando cual tribuno ante la última purga
(expiación de jinetes y el libro de San Juan),
desde el firmamento un ojo nos acechara
cada instante; desde los abismos del tiempo;
desde que el hombre es hombre.
¡Cuán malditos seríamos!,
si, cautivadas por el sabor del brebaje vital,
las bestias no muertas surcaran profanas
los cielos de luna y azabache, con sus alas
de murciélago; invadiendo un orbe
sin dios alguno.
¡Cuán malditos seríamos!,
si, en la Guerra de los hijos opuestos,
el príncipe demonio más impuro
(el tres veces maldito, Belial, el más perverso)
cumpliera la profecía del Mar Muerto;
si la ineludible maldad no prevaleciera
(una sandez absurda de existencia).
¡Cuán malditos somos hoy, cariño mío!,
que nos hemos mutilado el corazón
con palabras de aversión y cólera, desfigurando
nuestros rostros con exaltación y blancura odiosa.
El observador celestial, los vampiros sanguinolentos,
la paradoja del vivir son malditas naderías.
¡Infame el día en que nos hicimos amantes!
¡Cuán malditos somos hoy, cariño mío,
por simplemente ser!
¡Levanta tu puño al cielo e invoca esta blasfemia
a mi flanco, mano a mano!:
¡Maldito el día que el útero marchito invocó
nuestras vidas en esta tierra de horror, odio
e insignificancia! ¡Maldito sea el que señalamos!
Para el amor no es un problema
«Y de pronto él sintió
que sin ella sus brazos estaban vacíos.»
Mario Benedetti, El amor, las mujeres y la vida
A lo lejos resuena el campanario,
el lugar parece de nieve,
pues no hay más color.
No hay nadie; nadie vivo.
Cada noche, religiosamente,
camino la misma senda
y me escurro entre el silencio.
No hay mucho que cavar.
Levanto la tapa de madera:
hay suficiente espacio para dos.
Cada noche beso sus labios rasgados
y sujeto su mano fría:
pues, para el amor,
la pestilencia no es un problema.
