NICOLE MENDOZA ve la poesía como un espacio para abrirse y explorar emociones y pensamientos profundos. A través de sus textos, invita a cuestionar, sentir y reconectar con lo que habita en el interior.
DESDIBUJAR(ME)
Si me preguntas con qué animal me identifico,
aunque no me gusta estéticamente,
diría la serpiente.
Porque es increíble cómo puedo cambiar de piel
cuando ya no me cabe la que tengo.
A veces me aburro de mí,
me canso de mi forma,
me harto de la versión que soy.
Y me la arranco.
No con dolor, sino con hambre.
Hambre de ser más.
He mudado, he migrado,
he habitado tantas versiones de mí
que ya no sé cuál fue la primera.
Nada me llena por completo.
Hago tanto, toco tanto,
quiero dejar huella aunque en el proceso
el mundo me rompa las manos.
Para algunos,
esto será inestabilidad.
Para otros,
una falta de dirección.
Pero para un artista —uno de verdad—
esto es arte en su estado más salvaje.
Yo lo entendí tarde:
cuando me tatué la palabra arte en la piel
fue una decisión sin conciencia.
Pero hoy lo sé:
en esta piel
vive el arte.
En esta piel que ya no me cabe,
pero que me ha sabido sostener.
GANÉ PERDIÉNDO(TE)
No somos una casualidad.
Somos una causalidad.
Nuestro encuentro,
los besos,
los momentos,
todos tuvieron un efecto,
porque despertaron en mí algo que creía muerto.
Tu llegada fue eso:
un respiro, un sosiego,
ese respiro para tantas cosas que estaban muertas
y que pensé que nunca revivirían.
Me redescubrí,
y aunque en el proceso sufrí,
me quebré,
me rompí,
te odié,
te amé,
te extrañé,
te mentí.
Ahora soy.
Eso es lo que me hace vivir.
Y ahora me pregunto constantemente:
¿Cómo te dejo ir si te llevaste esa parte de mí?
La que me gusta,
la que me hace sentir completa.
Porque, aunque me reconstruí,
siento que algo me falta.
Y quizás eso que me falta… eres tú.
Porque soy todo lo que te dije que sería,
estando a tu lado.
Pero, ¿dónde estás tú ahora?
No se siente igual.
No siento que haya ganado.
VOCES
Me encuentro en lo profundo de mis pensamientos,
intentando nadar,
nadar,
nadar.
Quiero salir de ellos,
porque no son buenos,
son los que me llaman en la madrugada,
queriendo visitarme
mientras yo intento estar en calma.
Son voces que prometen un mundo mejor,
una vida más fácil,
un descanso,
una salida.
Pero sé que no son buenos,
porque aún tengo metas,
porque aún tengo sueños,
porque quiero cumplirlos.
Son esos pensamientos que hacen revuelo,
que quieren sacudir todo lo bueno,
que quieren que me rinda.
Pero yo quiero quedarme,
quiero luchar,
quiero salir,
quiero escapar de ellos,
quiero escapar de mí,
pero no de esta vida.