REBECA ROMERO, de 17 años y originaria del corazón de Centroamérica, Nicaragua, ha disfrutado desde la primaria perderse en las palabras, ya sea leyendo un libro o inventando historias para pasar el tiempo. El poema “A Margarita Debayle” de Rubén Darío despertó en ella un profundo amor por los versos, inspirándola a explorar la poesía durante su adolescencia.
INFUSIÓN
Recogí jazmines y romeros en mi huerto;
contrastantes fragancias que guardo en mi patio,
convivio extraño que habita en mi cocina.
Leñoso romero,
frágil jazmín;
impregnante romero,
sensible jazmín.
A veces decidida,
a veces ambigua;
a veces a la espera de ser recogida,
a veces haciendo mi camino entre las grietas.
Dulce y amargo sabor,
fuerte y sutil esencia;
ambos provenientes de la primavera.
En una infusión disuelvo el jazmín y el romero,
rompiendo lazos entre la suavidad y la dureza,
coexistiendo entre el romanticismo y la razón,
y entendiendo que puedo ser una mezcla de los dos.
AURORA
Me quedé pensando hasta la aurora
que tus ojos han cambiado de color,
que tus rulos ahora son lacios,
que tus lentes los dejaste tirados en otro lado.
Me he fijado que has cambiado demasiado,
que el cabello ahora te llega hasta la espalda,
que tus cartas ya no hablan de amor,
y que bailas y bailas, aunque tus pies sean izquierdos.
Tus pensamientos ya no son prosas
y ahora son versos,
versos interminables que no tienen partida ni regreso,
que se quejan de todo y de nada a la vez,
que no se quedan quietos aún si nadie los ve.
Aunque me confundan con auroras
yo siempre seré un atardecer,
uno que se nota en mis ojos de café,
uno que saca lo bello de lo que ya fue
y que acepta cuando ya no aparecer.
JUNIO DE LLUVIAS
Brisa contaminada de emociones,
sentimientos que se cuelan por las goteras,
tristeza que no puedo sellar con un trozo de madera.
Me la he pasado todo el mes sellando goteras,
sentimientos sinceros
y lo que por tanto tiempo dejé para luego.
Pero entre más sello goteras
más me inunda el sentimiento,
más me persigue el antaño
y más te deseo a mi lado.
Junio de sucesos lentos,
de sacar las matas,
de sellar goteras
y de barrer palabras.
“Junio de lluvias”,
así le dice a veces mi abuelo,
mientras ve a sus matas inundadas,
para luego verlas fuertes y alargadas.
Julio de paz esperada,
julio para rostizar el alma
con el sol entrando por mi ventana
y el verano más cerca de hacer su entrada.
Quizás en agosto te suelte,
quizás en septiembre mis matas ya no estén inundadas,
quizás mis bandanas logren secar las ventanas,
y quizás en octubre termine de barrer las palabras.
Noviembre va a llegar,
y tal vez hasta ese entonces
yo al fin te deje de amar.