160. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal Ago. 2026 | REYES ROJAS – En la suave terquedad

REYES ROJAS (Aguascalientes, México). Poeta, autor de Cartas para las islas (2010), Colonias (2019) y Antioración para la paz (2024). Ha sido becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, del Instituto Veracruzano de Cultura y del Instituto Cultural de Aguascalientes. Su poesía ha sido incluida en antologías  como Árbol Genealógico 18 poetas de Veracruz/No. 167, 30 poetas (1985-1991)/No. 165, de la revista Punto de Partida, y Los nuevos perros románticos de Ohcultos Ediciones digitales. Actualmente reside en Aguascalientes.  IG: @reyes_rojas

 

En la suave terquedad

 

En la suave terquedad de las mañanas

que nos tira las cobijas

y nos echa todo el sol a cubetazos

vamos siempre reventando los delirios

que nos crecen con la yerba entre el asfalto

y hacen de esta juventud la casa limpia

donde habremos de lijarnos las espinas

de enjuagarnos las rodillas y los codos

 

Y es que hay tanto tiempo entre la ropa sucia

tantas rimas en lo que decimos

tantas cimas duras en lo perentorio

que cuando salimos de nuestro letargo

a escampar las temperadas matas de la vida

se nos tira la ciudad encima

toda hueca y mal cantada donde la palabra “resistir”

se acostumbra poco a poco a ser la última

 

La tirana

 

I

 

No he dejado de adorar a La Tirana

hace tiempo que mi cuerpo abandonó sus calabozos

la suavidad de sus nidos y el aroma de sus naranjales

 

corrí desnudo por el desierto para alejarme de ella

pero mi corazón sigue escuchándola

mi espalda sigue ardiendo bajo su último látigo

y sueño con vestidos cortos

con las amapolas venenosas de sus muslos blancos.

 

No he dejado de adorar a la Tirana,

su reino seguirá expandiéndose y verá en mi

a un enemigo.

 

Su amor es prisión panóptica y su lengua larga.

Seguro posee esclavos felices

ancianas fruticosas para aconsejarle

y libros para entretenerla con cuentos de la vida moderna.

 

No sé quién soy

ni qué puesto me pertenecía en la administración de La Tirana,

mi nombre está llagado

también las plantas de mis pies.

 

No pude llevar nada conmigo cuando salí del palacio

pero recuerdo las calles grises y los altos edificios

los espectaculares luminosos con su cara bendita

y las interminables imágenes de su cuerpo semidesnudo

extendido sobre los muros impecables de la ciudadela.

 

No he dejado de adorar a La Tirana

nadie sabe pronunciar su nombre en estas lejanías

y los extraños me miran con asco

cuando pido una limosna en su memoria.

 

Algunos rostros se detienen a mirarme

sus lagrimales hinchados se humedecen con furia

pronuncian la palabra “padre”

y escupen sobre mi cara con el desprecio de un lagarto.

 

II

 

La Tirana también era una esclava

¿quién era yo?

¿un virus, un vaso, un Señor,

el enorme rostro que asomaba desde el cielo su nariz?

 

Miraba un foco rojo titilante sobre una puerta carcomida.

Ya todo estaba dicho para ese callejón oscuro,

pero el mundo es mucho más vulgar.

 

El miedo hacía promesas extraordinarias:

libérate y ven a mí

¿quieres morir de nuevo?, ven a mí.

 

En estas lejanías no encuentro palabras limpias.

El lenguaje se embarra en los zapatos como la mierda de un perro.

 

 

Después del golpe de estado

 

Sigues engrapada a tu divino eunuco
que sabe repetir “te quiero” como quien pide una moneda.
Tú como siempre

adornada de liberalismo
le sueltas sobras mías
cacareas palabras de entrega y pagaré
y calcas para él inconcebibles dibujos que firmaste para mí hace tiempo.

Pura especulación y producción en masa.

Viene la crisis
la acumulación originaria del amor sigue conmigo
es un secreto a voces que no escuchas:
te atraviesan con colores de verdad
pero no apagas tu megáfono de líder territorial.

Yo que caminé descalzo todo el escampado

conozco las zonas de guerrilla que te saben
productiva y amorosa
sangrienta y devastadora como las guerras que valen la pena.

Tu sudor y tus gemidos siguen trabajando en mis agencias
y además viaja el cariño que derramas
hasta posarse conmigo y levantar actas de las fugas que permites.

Me enseñaste bien a ser Tirano
pero después del exilio
en la ciudadela, en tu burocracia
apenas me conocen como el Sombrío Bienamado
y sólo se cuenta de la revolución que pudo ser
allá en el Sur
cuando supiste adueñarte de mis torres, de mis armas y mi pólvora
para adornar tus estrategias de ternura y de conquista.

El mundo pudo ser nuestro
pero la historia sabe que como todo imperio en ruinas
tú y yo
nunca acabaremos de caer.

 

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