REYES ROJAS (Aguascalientes, México). Poeta, autor de Cartas para las islas (2010), Colonias (2019) y Antioración para la paz (2024). Ha sido becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, del Instituto Veracruzano de Cultura y del Instituto Cultural de Aguascalientes. Su poesía ha sido incluida en antologías como Árbol Genealógico 18 poetas de Veracruz/No. 167, 30 poetas (1985-1991)/No. 165, de la revista Punto de Partida, y Los nuevos perros románticos de Ohcultos Ediciones digitales. Actualmente reside en Aguascalientes. IG: @reyes_rojas
En la suave terquedad
En la suave terquedad de las mañanas
que nos tira las cobijas
y nos echa todo el sol a cubetazos
vamos siempre reventando los delirios
que nos crecen con la yerba entre el asfalto
y hacen de esta juventud la casa limpia
donde habremos de lijarnos las espinas
de enjuagarnos las rodillas y los codos
Y es que hay tanto tiempo entre la ropa sucia
tantas rimas en lo que decimos
tantas cimas duras en lo perentorio
que cuando salimos de nuestro letargo
a escampar las temperadas matas de la vida
se nos tira la ciudad encima
toda hueca y mal cantada donde la palabra “resistir”
se acostumbra poco a poco a ser la última
La tirana
I
No he dejado de adorar a La Tirana
hace tiempo que mi cuerpo abandonó sus calabozos
la suavidad de sus nidos y el aroma de sus naranjales
corrí desnudo por el desierto para alejarme de ella
pero mi corazón sigue escuchándola
mi espalda sigue ardiendo bajo su último látigo
y sueño con vestidos cortos
con las amapolas venenosas de sus muslos blancos.
No he dejado de adorar a la Tirana,
su reino seguirá expandiéndose y verá en mi
a un enemigo.
Su amor es prisión panóptica y su lengua larga.
Seguro posee esclavos felices
ancianas fruticosas para aconsejarle
y libros para entretenerla con cuentos de la vida moderna.
No sé quién soy
ni qué puesto me pertenecía en la administración de La Tirana,
mi nombre está llagado
también las plantas de mis pies.
No pude llevar nada conmigo cuando salí del palacio
pero recuerdo las calles grises y los altos edificios
los espectaculares luminosos con su cara bendita
y las interminables imágenes de su cuerpo semidesnudo
extendido sobre los muros impecables de la ciudadela.
No he dejado de adorar a La Tirana
nadie sabe pronunciar su nombre en estas lejanías
y los extraños me miran con asco
cuando pido una limosna en su memoria.
Algunos rostros se detienen a mirarme
sus lagrimales hinchados se humedecen con furia
pronuncian la palabra “padre”
y escupen sobre mi cara con el desprecio de un lagarto.
II
La Tirana también era una esclava
¿quién era yo?
¿un virus, un vaso, un Señor,
el enorme rostro que asomaba desde el cielo su nariz?
Miraba un foco rojo titilante sobre una puerta carcomida.
Ya todo estaba dicho para ese callejón oscuro,
pero el mundo es mucho más vulgar.
El miedo hacía promesas extraordinarias:
libérate y ven a mí
¿quieres morir de nuevo?, ven a mí.
En estas lejanías no encuentro palabras limpias.
El lenguaje se embarra en los zapatos como la mierda de un perro.
Después del golpe de estado
Sigues engrapada a tu divino eunuco
que sabe repetir “te quiero” como quien pide una moneda.
Tú como siempre
adornada de liberalismo
le sueltas sobras mías
cacareas palabras de entrega y pagaré
y calcas para él inconcebibles dibujos que firmaste para mí hace tiempo.
Pura especulación y producción en masa.
Viene la crisis
la acumulación originaria del amor sigue conmigo
es un secreto a voces que no escuchas:
te atraviesan con colores de verdad
pero no apagas tu megáfono de líder territorial.
Yo que caminé descalzo todo el escampado
conozco las zonas de guerrilla que te saben
productiva y amorosa
sangrienta y devastadora como las guerras que valen la pena.
Tu sudor y tus gemidos siguen trabajando en mis agencias
y además viaja el cariño que derramas
hasta posarse conmigo y levantar actas de las fugas que permites.
Me enseñaste bien a ser Tirano
pero después del exilio
en la ciudadela, en tu burocracia
apenas me conocen como el Sombrío Bienamado
y sólo se cuenta de la revolución que pudo ser
allá en el Sur
cuando supiste adueñarte de mis torres, de mis armas y mi pólvora
para adornar tus estrategias de ternura y de conquista.
El mundo pudo ser nuestro
pero la historia sabe que como todo imperio en ruinas
tú y yo
nunca acabaremos de caer.