Presentamos a la poeta Candelaria Rojas Paz, en el marco de una muestra de poesía argentina contemporánea organizada por Jorge Palma. Candelaria Rojas Paz nació en Tucumán en 1977. Es Licenciada en Artes, Maestra de Plástica y Profesora de Expresión Corporal. Ha desarrollado una intensa labor educativa, artística y cultural en instituciones públicas y privadas de Argentina, siendo distinguida por el Ministerio de Educación de la Nación y el Plan Nacional de Lectura. Coordinadora en Tucumán del Festival Poesía en la Escuela desde 2009, ha participado en importantes encuentros como el Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, el FILT, el Festival de la Palabra de la UNT, y eventos internacionales en Bolivia, Santa Fe y Santiago del Estero. Su obra figura en múltiples antologías y ha sido reconocida con más de 30 premios. Es autora de La Gota (Ed. Último Reino, 2015) y Carne de Flores (Fondo Editorial Aconquija, 2022), presentados en diversas ferias del libro en Argentina y Latinoamérica. Su enfoque pedagógico y artístico ha sido destacado en medios como La Gaceta de Tucumán. Cree en el arte, la poesía y la educación como herramientas de transformación personal y colectiva.
ARAÑAS Y TRISTEZAS
Hay tristezas pequeñas,
pequeñísimas inadvertidas
ante la mirada de otros.
Una araña mínima
te pica más profundo que cualquier otra.
Dicen las madres
que saquemos las telas que han tejido
sobre las puertas y ventanas de la casa.
Me han crecido espinas blandas,
con las que plumereo las esquinas y los huecos.
Pero síguen testarudas,
batallándome silenciosas
instaladas en los rincones,
siempre a la vista
y a la ceguera de todos.
Hay que cuidar la estética,
que no parezca sucio
con cadáveres de bicherios colgando.
Veo la carcasa de cuerpo
que abandonó una araña,
como dejándome un trofeo,
costra que habla de lo que no podré eliminar.
Lloro y río al mismo tiempo.
Toda tristeza transmuta como puede.
(Inédito. De “Espina”)
PAISAJE MIO
A esta edad
hay sombras
que pueblan la carne,
un espejo antiguo
con manchas de heridas
y humedades nuevas.
Tan dócil es el hueso
para dejarse pintar de negro
bajo la fuente de cualquier luz…
He dejado mis labios al viento
con las palabras exactas al aire,
mi silencio es un lago desesperado de sequía.
Miro al sur
con el párpado desorientado encontrando el norte que no sueña
ni sabe de otros ojos atravesándolos.
Transpiro el sol naciente
para erizarme en todos los ocasos.
Una cascada atada a mi cuero cabelludo,
la negrura desgarrada de la noche
ante el despertar de cada cana.
Este paisaje mío,
es tersura de los solos
y la soledad dispuesta
florece en mi,
en blanco y negro.
Los colores se han quedado
más allá de los mapas que conozco.
Una memoria de grises,
una piel despintada y vuelta a pintar,
los poros tatuados
con cada nombre
todos los árboles
se quedaron en mi blanco
echando raíces de olvido.
Por dentro
me ha teñido la esperanza
en arcoíris de hijos y amigos,
de guitarras
encuentros de infinitos,
abrazos apretados de los que amo
creciendo como urdimbre
colorida y necesaria.
(Inédito. De “Espina”)
EL ZAPALLO Y VOS
Hay cosas tan simples que me recuerdan a vos
que no dejan que te olvide
como se olvida la mañana y sus trinos
cuando la noche nos besa los párpados.
Hoy partí aquel zapallo…
apreté fuerte el cuchillo.
Su cascara era
el mundo primero y su lava.
Ahí vi todos tus nacimientos
todos los fantasmas de la piedra
entregada al fuego.
Cuando abri aquel zapallo
su aroma trajo tu saliva a mi boca
y en el finito abrazo de su piel de adentro ,
estaba el gris inmenso de tu cejas…
cerre lo ojos y un paraiso
me invadio los pulmones…
una mujer pariendo …
una selva virgen…
un galope y las crines al viento …
un caserio perdido en los cerros…
un campo desierto
y el sol lamiendole el vientre
en extasis de amantes
en arena desparramada.
Tan simple el zapallo …
desplomado y tranquilo sobre la tierra
antes de ser cortado sabe de su peso,
como intuyendo el destino de su herencia
en la semilla…
El tallo extendiéndose rastrero…
abriéndose paso
ante el triste arrebato de los yuyos..
Compañeros de lo seco …así te quiero…
Por eso no te olvido ni te tengo.
Habrán pasado por tus años
el amor y el sudor vacío del deshueso,
pero no he pasado yo,
ni por tu carne ni por tu aliento…
Entonces venís a mi
en el naranja amanecido
y en lo negro detrás de toda luna.
Hoja enorme y herida de mi huerta.
Zapallo y su corteza de hierro
poblándome lo que no fue.
Aprendí a recibirte cada día
como la flor vegetal sutil inadvertida
que lleva su color a ciegas por el mundo
y no sabe que se va muriendo.
(Inédito de “Después de todo”)