177. Año 10 | 2ª Ed. Quincenal Ago.2025 | EDGAR EMMANUEL GUTIÉRREZ BETANCOURT – Bravuras del desasosiego

EDGAR EMMANUEL GUTIÉRREZ BETANCOURT, nace el 10 de enero de 1992 en Nicoya, Guanacaste, Costa Rica. Se traslada de su pueblo natal a la capital de San José, para realizar estudios universitarios. Se gradúa en 2021 como Bachiller en Diseño Plástico con énfasis en Diseño Pictórico. Actualmente, está finalizando sus estudios de licenciatura en Diseño Plástico con énfasis en Diseño Pictórico, y también realiza estudios de licenciatura en Docencia.

 

 

Verde

 

Incorporando el artificio en los aullidos del mono, con las asperezas del sonido de las ramas.

Las hojas tejen el techo, que brotan sus frutos a alcanzar sus sonidos.

De la naturaleza amás que la muerte sostenga a la vida.

Y arribando desde el punto medio, en las ondulaciones que curvan el suelo.

Alado el que hacer de las manos por la pronta visita; es sofocada la sangre a sentirse a sí misma.

Que, al mismo momento, la espera transita el conocer nuevos espacios acumulándose.

 

 

Alzándose con el vuelo a prepararse, es sabido que sos la razón de estar aquí.

Sobre el espacio, que mensajes otorga, que de tus deseos adquiere.

Entonar anteriormente lo que ahora busca conocer.

Y encerrado entre las manos, esto, en los brazos alce el sentirse de pie.

Pues es ahora el cuerpo que, entre la luz y la sombra, adquiere el amarillo y el azul deslumbrándose.

 

 

Encontrándose entre la razón y el sentir, es en el escuchar atentos con cuáles son los criterios por los cuales persiste entonarle.

A no sucumbir ante los males, lo que antes fue primero, y anterior a él, el estar antes aquí.

A consumirle hasta desgastarle, y en su final la gloria a mostrarle en aumento.

Amalgamado es sobre la perpetua ondulación, el motor que penetra su piel al sentirse presente.

 

 

Y enraizado en su apacible aposento, es sobre sí mismo, el entenderse, que brinda a los otros la llave para encontrarse y encontrarles a ellos.

Pues, por estar ubicado ante sus ojos, es para reconocerse, y en la voz la amistad para permitirse otorgar.

Si se estuvo antes, estar ahora es más pertinente aún que en el principio.

Que, de este dicho enlace, al creerle y reconocerle a partir de la distancia, la razón en la proximidad de no querer morir.

En la que sabrá que la vida no tiene inicio ni fin.

 

 

Bravuras del desasosiego

 

Masas, magnitudes, distintos complementos en virtud de la balanza acostada en el costo de la costa.

Cabría ante el mundo el cuerpo y la casa, resguardos y afueras de los matices de la luz y la sombra, los niveles de la salud del espíritu.

Se acuesta el poblado de insectos en las arenas de los mares al amanecer sin el sujeto de la forma, con el cuerpo de su consumo espacial.

Desasosiegos, inercias serenas en la sonrisa por lo efímero de los obstáculos, suficiencia ante la calma para morir ante este último.

Reino de la suavidad, un magnetismo mímico para contestarse a sí mismo.

 

 

El agua ha surgido su peso en la tintura de la sangre y el arquitecto hueso, iniciar de su transparencia hacia los habitados.

Montaña seca a la cercanía y a la lejana aún recubierta, traslapadas desde este punto de vista.

Cuando me sobra la sombra, más allá de las distancias de mi cuerpo por nunca renunciar a la luz.

Acontece bóveda sin color, las oraciones dichas al olvido libres que leves suelos esperan.

No le recordaré, no le daré, los ahora dichos suyos que vuelan líquidos en el fuego de otra materia sólida aliada.

Caracol infinito a los oídos de los cerebros a mares.

 

 

Ropas de arquitecturas

 

Fratricida, viste con el vestigio del parecer ser reunidos en el polvo de la casa.

Primarias muestras de las estatuillas del barro fértil.

Este finito sin conocido límite, en el resumen más breve del infinito en brevedad.

Respiran las paredes como similares a las pieles, permitirnos habitarnos desde lo patrimonial y lo matrimonial, en el hito de historia viva.

¿Morirá la geometría de la base y junto a estos reinos sus derivaciones del órgano orgánico?

 

 

Suspirar verde verdad en toda materia natural desde su no perfecto, la potestad de la casa de nuestros cuartos egos.

La habitación del viento, la habitación de la electricidad, la habitación del tacto consumo y la de los caminos vertidos e invertidos.

Vértebras, surgir digiere desde otro hondo de estar, hacia su casi esfera balanza.

Las danzas mímicas que son mayores en el protagonismo del habla animal desde su instrumento.

Condecoro el omnismo como ropa abierta, al amor del zumo asumir de la carne o de esta carne, solo una o perenne toda.

Mis músculos al maíz del labriego digno, consumo consumado del somos asomo.

 

 

Recintos y filiales del artificial en lo disonante como nada olvidada, aun en el temple de la belleza, naturaleza, objeto tuyo, nuestra anomalía te ocurre.

Camas del espacio, ropas de arquitecturas, las demasías pensantes del agua, del fuego, del aire y de la tierra, en los abordajes espíritus que nos limpian.

Estados todos en el reciente enseñado, que frágil lo ágil de su estadía y ser.

 

 

En esta cueva ya hecha, la casa reanuda desde su diseñar, pronombres a sus huesos y deshechos nombres, amores naturales al odio.

Célebres de la representación de la forma, nuestra pobreza súplica, a la fealdad hecha bella del basamento bálsamo, quedarse en las hechuras del corazón.

Otra iglesia de las creaciones, otros pliegos del monte se adhieren y se oxigenan a la sequía.

No le mata solo en soledad la reunida compañía en la generación de la existencia, el paraíso de indemnes.

Diseminados, dicen las láminas laminadas de las minas en hadas hechas de la nada en nados, que me llevo conmigo el ego de mis órganos salvos, a ocuparte mismo.

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