184. Año 10 | 2ª Ed. Quincenal Ago.2025 | GRACE VALERIO – Postales a mi madre

GRACE VALERIO es artista multidisciplinaria y poeta. Su trabajo transita lo místico y lo introspectivo, con una visión poética del alma y la memoria. En 2023 presentó la exposición de arte poético Casa rota en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey. Ha participado en la antología Contrapuntea el búho y en la colección de haikus Ecos de loto. Ha participado en diversas antologías y cultiva la poesía desde 2016. Vive en México.

 

 

 

La Musa

 

¿Soy la musa que al poeta inspira?
¿Soy la caricia que canta y llora?

 

Cuando hablo,
soy voz de los que ya no hablan.
Cuando miro al cielo,
mi vista se vuelve aroma.

 

La vida me embriagó con su espuma.
La vida.

 

No hay ojos más luminosos,
mirando a los extremos del mundo,
como los míos.

 

Soy una vacante.
No me hablen de penas,
que yo vivo penando en esta negra arena.

¡Oye! ¿Toda y tan triste?
¡Oye! ¿Qué nos deja?
¡Oye! ¿Por qué huyes?

 

Si por tu genio,
si por tus galas,
diste vida,
y el espíritu se ha volado.

 

Bajo los corales,
cuyo perfume húmedo,
acaricia mis gemidos.

 

Bajo las estrellas,
buscan las bocas rojas.

Estoy de amor.
Estoy serena, como el olvido.
Estoy aquí,
viuda de ti,
de tu nombre.

 

 

Postales a mi madre

 

La muerte también huele a flores.

A lirios y jazmines,

a puros de tabaco,

a joyas oxidadas,

a vestidos morados.

 

Sin tu partida,

¿habría comenzado a escribirte?

 

Ya no sé a quién le escribo.

¿A ti?

¿A ellos?

¿A mí?

¿O al silencio que quedaste?

 

Quizá la memoria,

es la única forma de seguir viva,

aunque cada vacío,

se parezca a un nido sin pájaros.

 

Como la ausencia de una línea,

que se extendía en tu vida,

crea estragos.

Y la mente inventa fantasías,

que se vuelven

piedra viva.

 

El mundo ya no importa,

cuando el deber es,

dejarse morir sobre las flores,

con las que está hecho este papel invisible

Las noches encierran frascos,

llenos de estrellas,

y las danzas que me dabas,

en tu modo de mirar.

 

Sigue oliendo a flores,

todo este tiempo sin ti,

mi querida mujercita.

 

Nunca escribí por fama.

Nunca escribí para nadie.

Escribí,

para que no murieras nunca.

 

Te siento todas las noches.

Tu ser me habla,

más allá del cuerpo que fuiste.

 

¿Será este don el magnífico elixir de la

eternidad?

 

Es de noche

y el cansancio llega

cuando se ama con entrega,

con presencia,

con verdad.

 

¿Algún día será?

 

Se necesita fe,

para sostener tanta memoria.

Eso tú me lo enseñaste.

 

Las velas parecen olas ante ti.

 

Mi querida,

Mi querida

 

Mis muertes y tus muertes,

siguen oliendo a flores.

 

La lucha ha terminado.

Por el abandono.

Yo renuncio.

 

 

Viajera del Alba

 

 

Puedes verme con estos ojos cansados,

ojos de vino añejado y palabras mudas,

que han visto, templos, guerras y comienzos.

Bailo aún – aunque duela el camino –

como bailan los ángeles que han sido mujer,

con cicatrices bordadas en seda.

 

He sido campana en monasterios de polvo,

y labios que callan para no romper el ayer.

 

Me evaporé hacia la luz tantas veces,

que olvidé como era volver.

 

Aquí hay tantas reliquias, que ni la historia

podría vivirlas.

 

Pero siempre regreso por otras esquinas,

con otro perfume, con otro querer.

 

El tiempo lleva,

entre luces, mis grietas.

 

Soy la viajera del humo y del alba,
la que besa la lengua,
la que acaricia lo profundo,
como Dios que sueña en los mares…
pero naufraga en su propio silencio.

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