JUAN JOSÉ ROCA REY VALDEZ es escritor peruano y reside en Lima, Perú. Es autor de los poemarios Un disparo al aire y Sonríe, todos vamos a morir. También es autor de la novela por entregas La escala de colores entre el cielo y el infierno.
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Se quedaron tirados en la cama,
Ella era una prostituta y él un borracho.
Se la pasaron mirando la televisión
Mientras que el sol iba saliendo
A través de las persianas del hostal barato.
Desde la habitación se podía escuchar
Los coches que circulaban por la avenida principal.
El ruido era tan fuerte que parecía que estuviesen tirados en el asfalto.
Nadie sabía que estaban ahí,
La prostituta y el borracho.
Ella tenía olor a fresa y maquillaje de sobra.
Él aún olía a una mezcla de vómito y cigarrillos.
Pusieron el canal de las noticias en la madrugada,
Vieron cómo a un perro lo protegían de la lluvia,
Pero utilizaban a un niño como escudo humano.
Se rieron del mundo.
De su estupidez.
Se creían mejores que el resto,
Permaneciendo olvidados en ese cuarto de hostal barato.
Pero ella era una prostituta y él un borracho,
Como tantos otros en ese lugar.
Apagaron el televisor y se dedicaron a follar,
Olvidándose de un mundo
Que siempre los mantuvo olvidados.
14
Salté a este inmenso mar gris
Y exhalé lo que llevaba dentro.
Descendí lentamente.
Cada vez encontraba tesoros más y más brillantes
O tal vez,
Todo el rededor se ponía más oscuro.
Cogí lo que pude entre los brazos,
Hasta que me di cuenta
De que lo único que necesitaba
Era oxígeno.
A veces, la vida
Es tan hija de puta,
Que nos regala todo lo que no necesitamos
Y, aun así,
Nos obliga a vivir agradecidos.
131
Las madrugadas no son las de antes.
Estos relojes no quieren correr.
Tal vez mentirnos siempre es buen amante,
Hasta que la verdad quiere volver.
Siempre pensé: mejor muerto que herido.
Sin darme cuenta, ya tenía una cruz.
Y regresé a la tierra de los que habían caído.
Solo quedan lágrimas como testigos.
Utilicé la cama como un ataúd.
Las guerras frías son las que nos terminan.
Si las heridas hablaran, no habría qué contar.
Soñé que todo mejoraría adelante.
Busqué perderme siempre en los instantes,
Pero el después nunca quería llegar.
Moví mis pies y encontré un camino.
Me recosté en mi espalda, el cielo era un mural.
Saber que estaba preso me tenía podrido.
Las fuerzas nos sorprenden ante lo desconocido.
Miré al frente y me puse a caminar.
Es tan fácil enamorarse de la pena,
Pero tan bonito resucitar.