196. Año 10 | 1.ª Ed. Quincenal Sep. 2025 | VERÓNICA OSORIO CARDONA – Rostro de mujer

VERÓNICA OSORIO CARDONA (Medellín, Colombia). Escritora, contadora de cuentos y collagista. Es Licenciada en Literatura y Lengua Castellana y Filóloga Hispanista. Se ha desempeñado como profesora, correctora de estilo y promotora de lectura y escritura. Sus poemas y collages han sido publicados en Mekato atómico (Revistilla gráfica, 2023), TijeristaTOP (La Tijera Colectiva, 2023).

 

 

 

Rostro de mujer

 

Me palpo, inquieta y extenuada,

con palabras como nudos

y ausencias en la garganta.

Muda y frágil

incongruente, insensata,

fuerte

como aquella mujer

que toma los dientes de la bestia

y con suavidad la doma, la ama.

 

Me miro al espejo empañado

una mirada inquietante

huye de mis manos.

Sedienta, observa un lento crujir,

cuerpo innocuo

y difícil de sentir.

 

¿Quién me puso allí?

¿Qué orden del universo me hizo sentir así?

 

Vuelvo a observar.

Es un rostro de mujer.

Jadeante, tranquilo, fácil de reconocer.

Amoroso, aventado, fuerte, cansado.

Un rostro que tiene marcas,

alegrías en todos lados.

 

Poro a poro ha amado.

Todo aquello que el mundo de vuelta

ha entregado.

 

 

Llorar

 

Quiero ir a llorar a todos los rincones del mundo

decir en cada esquina

que este manantial que llevo dentro

necesita un cauce,

una línea recta,

un lugar

donde desembocar tranquilo,

sin miedos.

 

Quiero llorar en una esquina del barrio chino

de cualquier país

sobre el piso rojo

sembrar flores

que crezca un jardín.

 

Llorar inútil y exhaustivamente

regalarme momentos

correrle a la muerte

decir que no importa

que no quiero que me abracen

que antes prefiero

tranquilamente

ahogarme.

 

Quiero llorar en un rincón de la casa de Kelly,

en la sala colorida de Esteban,

en el increíble balcón de Diego,

frente a los espejos de Yami,

en el comedor de Eduar,

en las escaleras de Laura

o bajo el colchón de la casa

de cualquier amante.

 

Decirle buenos días al reflejo en el espejo,

conjugar verbos tristes en pasado

y mentirme, tranquilamente.

 

Esperar un poco,

arropada en mis lágrimas.

Y sin afanes

seguir llorando

volverme agua.

 

 

La palabra posterior al orgasmo

 

Extraño,

extraño la extrañeza de mirar unos ojos despacio

al borde del abismo, íntimos, abiertos, cercanos,

vulnerables, humanos.

Extraño el cuerpo,

la piel, los huesos, la saliva,

pero más que nada

el interior latiendo, el alma, la vida.

 

Extraño las manos que se entrelazan en el tiempo,

las miradas cómplices que se construyen en el cotidiano,

las charlas internas aprendidas con los días,

los gestos de amor imperceptibles hacia afuera.

 

Extraño las rutinas tiernas

construidas en el reflexivo

y compartidas por dos:

acostarse,

levantarse,

cocinarse,

esperarse,

bañarse,

despertarse,

abrazarse,

amarse.

 

Extraño lo que hay después

de revolcar las ropas en el piso

lamerse los labios hasta enrojecer

gemir inundando el aire de sonido

mirarse con placer

lo que hay después

la intimidad que se teje desde la palabra

posterior al orgasmo.

 

Extraño hablar una lengua

que solos dos conocen y dominan.

Extraño perderme en un cuerpo

que llena de palabras la vida.

 

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