203. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Sept. 2026 | BRUNO PORTILLO SEMINARIO – Esos años todos de pie

BRUNO PORTILLO SEMINARIO. Fue parte de la primera promoción de la Escuela de Escritura Creativa del CCPUCP, donde publicó el cuento “Dañina” en la antología Primeras Historias. Trabaja como docente universitario y consultor especialista en ciencias socioambientales. La poesía ha sido su práctica constante desde la adolescencia. Reside en Lima.

 

 

I

Cepillarme los dientes

me quita la angustia
mientras me esperas en la alcoba
te lo comento:

La ciencia lo afirma:
son el paladar y las encías,
rozarlos libera endorfinas:
un beso cotidiano
de baja calidad.

Salgo del baño en esta tarde nueva,
tarde mutada y en extinción,
con esa luz naranja y tan ambigua
vomitada por un sol enfermo
en dos ventanas de persianas afiladas, asesinas.
Camino desnudo y lento por la casa,
cepillándome los dientes, las encías, el paladar.

Paulatinamente caen
las bacterias y las angustias,
y tus senos
se hinchan ante la brisa fresca de primavera.
Sentada en la cama me miras a los ojos

me dices

¿Qué piensas?

con la voz que sale de las puntas de los órganos
de los órganos que tienen punta
en tu cuerpo y em ningún otro
y huye mi pene a mi cuerpo
huye de la brisa fresca de primavera.

Nunca respondo
pero ahora tengo
La mentira memorizada:

Pienso solo en Ahora,
que Ahora es lo único bello.
(tu pregunta, en tu voz,
es para El Pasado,
y para El Futuro)
Cuando Ahora es bello no por ahora.
sino porque en el Futuro será un Pasado
que creeremos bello.

Con todo esto:
La fresca brisa de primavera,
en la luz anaranjada del bello helio mortal
el efecto mixto en los neurotransmisores
se hierra y carboniza
en mi memoria,
y me apena que no importe
si también en la tuya.

 

 

II

 

Esos años todos de pie,

todos los de este clan
unos a otros nos amenazábamos
con revólveres, zapatos, teteras.

Al principio solo breves punzantes insultos.
Luego,
gatillos inmóviles y sudor en las sienes.

El lugar que era nuevo,
se nos iba deshaciendo en escombros.

Las memorias se formaban de rumores bajos
a los oídos de duelistas ansiosos.
Expectantes estábamos
a lo que se reflejara en sus ojos.

Cayó un tazón al suelo
y entre suaves chasquidos,
un niño rió
cuando podía haber muerto.

Las amenazas se deshicieron
entre llantos de alivio, abrazos impensados,
quebrados te quieros.

El final solo dejaba
una bruma de los rumores,
neblina de las memorias,
que en esos días
en el aire enrarecido,
de solo algunas tardes,
condensaba en figuras horrendas.

En el lugar,
una vez ya restaurado,
disipado ya el recuerdo de los humos,
se irguieron

museos, monumentos,
y se escribieron tragedias.

 

 

III

 

Gris es un lugar común
Un sonsonete
Oír un día sí un día no
Lima La Gris Lima La Gris
Un anuncio, una marca
LimaGris™
Y optimismo mercantil
Que le mete colores a cada letra
Estupidez
Porque el gris está allí siempre
al fondo, donde no hay sitio
para la imaginación sobre:
Grises ojeras de poetas en el bar
Gris la mascarilla de la mujer que llora en la combi
Gris la piel de su padre que yace en la morgue.
Grises 27.3% de los autos
para disimular los raspones
para matizar la suciedad.
Porque ni llueve,
porque ni en eso ayuda el cielo aquí
hacia donde sube y baja
el gris escupitajo del lavador de autos,
bajo el cual aumenta el gris aburrimiento
de los adolescentes
y gris es su color favorito
porque no se atreven al rojo y/o al negro.
Creen no tener en la paleta un
Gris adecuado, perfecto
los artistas plásticos
desesperados
Y los artistas plásticos
marginales
por igual.
Da igual
porque gris ya todos saben es el cielo
panza de burro
que nadie ya observa
que confunden con mula, con pony, con chusca cebra
porque todos se agachan
a sorber el chupe,
del gris pescado bonito.
Y no hay burro tranquilo,
ni paz en el anticiclón,
hay gris del smog expectorado
por los escapes por los tubos por los bronquios.
Hay gris del polvo fino que desprende el mortero
del millón 603 711 edificaciones sin tarrajear.
Gris podría ser tranquilamente el polvo estelar
y no el plateado
de las películas intergalácticas
que pasan en las teles
de los buses interprovinciales
atascados sobre el gris bypass
recién construido
eternamente coimeado.
Gris el cabello de los hombres
bañados peinados poderosos
y coimeros
y vacíos
cuyas sonrisas queremos borrar
y no las de los dientes grises
que muestran alegres
conversando en la noche violácea sin estrella alguna
los pastómanos de la vía expresa,
del baldío del barrio,
del desmonte a la orilla de la costanera.
Y si mi sangre fuera gris
se confundiría con la savia muerta
de la planta monstruosa y rastrera
que cubre este desierto
que secó este valle.
Grises algunos perros misteriosos
que parece sobreviven siglos en la calle
que saben algo
y nos miran.

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