224. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal Oct. 2026 | BRYAN SANTIAGO ALMEIDA GONZÁLEZ – El sol va a dar a luz

BRYAN SANTIAGO ALMEIDA GONZÁLEZ (Quito-Ecuador 1997) Es Licenciado en Cine y Maestrante en Educación Superior. Ha escrito critica de cine, ensayo, poesía, crónica para las revistas Tangente, Preliminar, El Otro Cine, Pie de Página, Revista Bichito, Cámbrica Revista de Cine, Correspondencias. Es parte de la antología “Diáspora del Abisal” publicado por Lunada Editorial. Fue parte de la editorial Murcielagario y del Festival de Poesía “Lektura de un Kaníbal Urbano”. Instagram: @bryan_alm1997

 

 

 

EL SOL VA A DAR A LUZ

 

<<El sol te acompaña, subirás tú la montaña, entre maleza y maraña>>

Niña, Ana Tijoux

Un sol mestizo empieza a latir al interior de un útero joven,

En los surcos de la tierra, en los surcos de sus estrías, en las grietas del cemento

Un sol mestizo empieza a temblar

 

Las estrellas telúricas de su útero despiertan en un remolino

Alrededor del sol niña

Ella duerme entre la danza de los astros

 

Una precaria maternidad cubierta de luces blancas,

Atendida por enfermeras con el corazón extirpado,

Esperan que su agua de vida, agua de fuente se rompa

 

Hermana suda el grito del sol, la saliva de las estrellas jadeantes

 

El crujir de huesos, abre paso a la cabeza de sol niña,

Una esfera planetaria que alumbra tu entrepierna rasgada

 

En el abismo de un cielo andino, susurrado por el viento y la tierra fértil

Resbala una esfera líquida, roja en su ardor, y se mezcla contra los granos de un suelo abierto como los gritos de tu boca cansada,

La placenta alimenta una amplia montaña

Que mañana será un jardín de

Chuquiraguas, cactus, y maíz rebosante de vida.

 

En su centro reventará un cráter que haga emerger una laguna turquesa,

con raíces marinas, amapolas, y animales desconocidos.

Ahí se bañará el nuevo cuerpo.

 

Un sol mestizo empieza a latir al interior de un útero joven.

Isabel ha nacido.

 

 

 

VÉRTIGO

 

A Vicente Huidobro

 

Del filo de un nevado que perfora con su boca de hielo la última nube,

Abro las membranas que me crecen desde las costillas, como abanicos de piel

Hasta los codos de cada brazo:

C
A
I
G
O

Bandadas de aves anidan en mi ropa,

Caen conmigo

Las nubes entran por mis ojos,

Las plumas desvisten a las aves,

Y se clavan en mi espalda

C
A
I
G
O

Los brazos se lanzan de la nube más ensortijada del torso,

Mi cuerpo cae de la nube más enraizada en el pájaro

 

En esta desintegración

Altazor cae a mi lado con rayos púrpuras enconchados en el pecho

Con alas de libélula petrificada en sus manos

Con estrellas fosilizadas en su lengua, serpenteando en la boca:

Cree la lengua que los humanos se/la/ desviaron de su rol,

Haciéndola aprender a hablar… a ella la bella nadadora,

Desviada para siempre de su rol acuático,

me grita Altazor cuarteado por la velocidad del aire, mientras le brota un paracaídas de piel. Mientras trina su voz de trueno que parte el cielo y lo desangra.

 

C          A          E          M          O          S

 

Hasta llegar al profundo árbol marino. Su placenta de siglos, aguardándonos, nos abraza en el núcleo incandescente de la Tierra.

 

 

 

AZUL

 

<<Siéntate y cuenta las gotas de lluvia/ cayendo en ti/ es tiempo que supieras/ todo en lo que siempre puedes contar/ son las gotas de lluvia que cae en la pequeña niña azul >>

Little girl blue, Nina Simone

 

Una tarde inconclusa se completa con los charcos encendidos en fuego azul

Un cuerpo colegial, extraviado

Salta los charcos hasta meter los pies y quemarse

 

A lo lejos mira la carretera con buses repletos,

Y cerca de sus zapatos, un largo camino de tierra que se pierde

en un cielo incompleto.

 

Con los pies encendidos, el cuerpo extraviado

Camina sin saber a dónde ir.

 

Con sus manos intenta atrapar el fuego pero se le escapa. Sus zapatos se han derretido sobre la piel, y no le queda otra que esperar a que las flamas se terminen en una tarde con el cielo incompleto.

 

Atraviesa un bosque de eucaliptos, donde nada más crece. Sobre el suelo las rocas se queman, crujen como el pecho de la joven que camina hacia una tarde incompleta.

 

Observa un parque perdido y oxidado, con moho trepando por las resbaladeras y agua ferrosa cayendo de los columpios. Con sus dedos acaricia la humedad de las plantas, las gotas enredadas sobre el musgo.

El columpio se mece con el viento mientras ella se aleja en una tarde incompleta que empieza a llover sobre los eucaliptos y su tierra árida.

 

Sobre un tronco viejo, la niña contempla sus zapatos. La lluvia hace crecer las flamas azules, sus piernas se consumen hasta desaparecer, sus caderas, su cabeza.

Solo en su vientre cuaja la noche completa, con vientos de fuego azul, se mece en la oscuridad.

 

 

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