232. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Oct. 2026 | ORESTES PEREYRA SOLAR – Plaga

ORESTES PEREYRA SOLAR (México, 2001) es poeta y egresado de la licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública (UNICACH). Se formó en el Taller de Poesía Óscar Oliva (2019-2022) y participó en el Taller de Jorge Humberto Chávez (2024). En 2026 fue incluido en la antología Constelaciones Sonoras. Escribe en Tuxtla Gutiérrez para “ganarle a la vida”. Instagram: pereyrasolar_ Facebook: Orestes Pereyra Solar.

 

 

 

TRIPTYCA

 

 

PLAGA

 

Lunes, un proyectil, una nauyaca,

surcar el Soconusco es su jornada,

la garganta mulata amordazada,

sangre, salar de viento, el hambre aplaca.

 

El otro Dédalo, la misma estaca:

venir de Guatemala, devorada,

después trepar La Bestia, embarazada,

la patria abandonar, llorar, mi flaca;

 

naufragar roja en la estación de Arriaga,

escribir: «Ten piedad» en faz de herida.

Oír al hombre vociferar: «¡Plaga!».

 

La Sepultura caminar perdida,

viernes, cruzar Tuchtlán, soñar se paga.

En el reporte: «Desaparecida».

 

 

 

INTERREGNO

 

Contemplo el tiempo en marcha, venidero,

sol hilvanado en hilo de un cometa,

gacelas y casidas, cruz, veleta,

aguja, punta, bordo este jilguero;

 

retorno a la memoria el aguacero

de sangre en sangre de mi estirpe inquieta,

como abre el viento en crines la saeta

que sigue bifurcando aquel sendero,

 

donde exuda su efluvio el tamarindo,

en el Barbasco en interregno asedio,

y respiro en mi piel la piel del guindo.

 

Lo sé de cierto que la muerte y el tedio,

la una es inexorable, el otro escindo.

¡Ah, la vida contemplar, estoy en medio!

 

 

 

GLICERINA

 

Voy de esta otra trinchera desangrando

el carbunclo exicial en rota espina;

el ruido de metralla va agravando

la cruel certeza desgastada, angina,

 

que en mente y credo sigue erosionando

la idea de que soy hombre y no neblina.

Calizas del Donbás convulsionando,

mares sin nombre: Gaza y glicerina.

 

Soy el mercenario muerto en la otra orilla,

el que piensa en volver ayer a casa,

el que degüella el sol en estampida.

 

Clamo a la trinidad en mi costilla:

la sacra paz incierta de fe escasa

o el centenar occiso en luz deicida!

 

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