ALFONSO FERNÁNDEZ, canario afincado en Edimburgo, es un caracol errante con babas de hescritor herrante. A sus 42 se ha propuesto no guardarse nada para mañana. Es por eso que ha desempolvado la caja de galletas donde guarda las poesías, ha agarrado un puñado, las ha metido en una botella, y las ha lanzado con los ojos y el corazón apretados al Mar de la Santa Rabia.
Hoy quiero
Hoy quiero ser el sastre de Jean Paul,
piedra filosofal de chocolate.
Hoy quiero abrir debates y el cajón
desastre, corazón que disparaste.
Coma profundo y coma, entre comillas,
señorita, las anclas de mis ranas.
Rotundo es el amor en las costillas.
Donde hubo procesión, ahora hay campanas.
Dalila y sus tijeras, qué elemento
de todo menos neutro en nuestra tabla.
Periódicas maneras de atormento
los versos que aniquila cuando habla.
Cuadro versus triángulo, bermudas,
camisa a rayas, guantes, zapatones.
Aplausos, espectáculo de dudas.
Tome sus mayas, deme mis calzones.
Condena
Crearé cuatro eslabones de cadena
casi perpetua al polen de tu boca.
Te veré llorar miel a cuentagotas
Después de prender fuego a la colmena.
Primer paso: arar la comisura
del ojo con que miras con recelo.
Alquimizar la lija en terciopelo,
desrizar tus pestañas con ternura.
Segundo eslabón: acercar tus manos
al cofre de mi acuario, o al velero
dentro de la botella del pionero
en bañar con tequila sus gusanos.
Aún me quedan dos, y estoy adentro,
en la piscina en que nada tu lengua.
Y bajo hasta tu ombligo, donde menguan
las dudas y tu vientre al mismo tiempo.
Sumar, te advierto, no es mi mejor arte.
Tal como ves, las cuentas me han fallado.
Admito error, castigo, culpa y pena
y todo lo que quieras achacarme.
Rimamos “quemarropa” con “pecado”.
Asumo con propina mi condena.
Otoño
Desmemoriado otoño que me acosas
quemando con tu lupa hojas caídas.
Me dueles, como a un niño las heridas
que se hizo persiguiendo mariposas.
Me dueles, y a la vez eres mi fuerza,
el fango con el que hago mis castillos.
Me humillas, y a la vez me sacas brillo.
Un tango. Una mentira, y su certeza.
Sábanas frías visten los fantasmas
que envías pretendiendo mi desvelo,
mas todas mis palomas alzan vuelo
allá donde no escuchan las alarmas.
Desmemoriado otoño que exageras
con tinta china el arco de mis cejas:
Tu rabia es la evidencia que refleja
que tu alter ego son las primaveras.
Mas no te frustres si hoy no soy tu aliado.
Sabes que volveré a habitar tu reino,
donde las hojas secas son del viento
que antaño me dio frío en un costado.
Sabes que pediré que tu tormenta
le quite el polvo a algunas viejas fotos…
Pero, aunque el corazón ahora esté roto,
permíteme que no lo ponga en venta.