JORGE ARVELO es poeta puertorriqueño que ejerce como auditor y contador público autorizado en el estado de Pensilvania, Estados Unidos. Es miembro del PEN de Puerto Rico Internacional. Recientemente publicó su primer poemario, Solercia. Trabaja en la traducción de dicho poemario al inglés.
Equino
Las hojas de mi cuerpo se pudieron haber desvanecido,
resistiéndose a la tempestad aguda y repentina,
que se presentó en mí: imponente, soberbia y clandestina,
revolcando sin piedad cada pieza interna de mis sentidos.
Ingenuo mi carácter, de repente, me convirtió en equino;
al instante, un caballero galopante, a toda prisa
aun sin perder la noción al nuevo mundo que emigra,
en paz decido ser el anfitrión de este nuevo desafío.
El entorno de mi hábitat se mueve, más pende de un suspiro;
las raíces de todo mi ser se estremecen, sorprendidas;
su incondicional amor se refuerza como caricias
en un océano de sentimientos con escudo de platino.
Sin la necesidad a cuestionarle por un simple motivo,
batallo con buena fe lo que me depara la vida;
como cualquier otro día, el corazón aún respira,
quizás pereciendo, débil, pero forjando un nuevo camino.
Angustia convertida en poesía
Me pesan más los ojos que me miran,
las palabras de amor, pero sin voz.
Desapruebo la tristeza precoz
que logro ver detrás de sus pupilas.
Me quiebra la presencia de la angustia
que busca alojamiento permanente.
¡Qué incrédula su amenaza de muerte,
que sin mí sería ficticia y mustia!
Al instante sé que no es para mí
ser el horizonte de un nuevo día,
la sombra convertida en poesía,
ustedes, la razón para vivir.
Bengala
Senderos cubiertos solo de palabras,
desvaneciéndose justo a medianoche.
Este corazón de impaciencia se embriaga,
mientras planta puras raíces de roble.
Sueños de una aparente verdad desatan
un ciclón de sentimientos en derroche.
¿Cómo convencer los sentidos que extrañan,
tu incorpórea presencia en mi norte?
Destellos de salvación llegan al alma,
proviniendo de distintas direcciones.
Mi vida que de repente está en batalla,
se niega y decide vivir sin reproches.
Secretos unidos en un mar de plata
solo obtienen su libertad en un cofre.
Por más que esta travesía sea amarga,
sé que tus pensamientos llevan mi nombre.
Puertos que carecen de una gran regata
compensan para siempre con caracoles.
A un delfín se le hace un nudo en la garganta,
al ser testigo de tus mudas canciones.
Vientos alisios del sur me dan la calma,
cuando las ráfagas dominan al doble.
Un deseo tuyo sirvió de bengala,
para iluminarme y mantenerme a flote.
Guerreros derribando cualquier muralla,
así sean construidas de adobe y cobre.
Inerte, mi cuerpo espera la mañana:
despertarse una vez más en Miraflores.