243. Año 10 | 2.ª Ed. Quincenal Nov. 2025 | ANDREA MIRANDA GONZÁLEZ – Veredicto

ANDREA MIRANDA GONZÁLEZ (Costa Rica, residente en Houston) es dramaturga, directora y poeta. Fundadora de Manifiesto Escénico Producciones, explora la creación performativa desde el ritual, el cuerpo y la memoria. Ganadora del Premio Nacional de Dramaturgia Inédita CDI–CNT–ProArtes 2025 (Costa Rica). Sus textos han sido publicados por Next Stage Press (Estados Unidos), Caleidoscopio (España) y Converso/Letras Negras (Colombia), y próximamente en la colección Pippa Passes de Buenos Aires Poetry (Argentina).

 

TRAICIÓN

 

El ofidio
se arrastra, humillado,
entre los escombros de su propio fracaso.
Apresurado se aleja
antes del primer campanazo del alba.

La serpiente no sabe
que el fuego no se esconde de noche;
en murmullo, sus brasas
seducen a la dama blanca
con el tibio gemido
de su arco dorado.

El espíritu volcánico del sol:
oráculo que observa
la traición agitada
que arrastra las raíces del reptil
a su propio suplicio.

Torpe criatura postrada,
que todo ve y nada vive,
ignorante, huérfana de poesía,
sin uñas que rasguen
los muslos escarchados
de una luna de sangre.

De piernas canela—
que, temblorosas,
juegan a esconderse
a la sombra de la aurora.

Dos caras de la misma moneda,
la helada y la hoguera,
pulsando un lenguaje oculto;
eclipse carnívoro y demoníaco
de una danza insaciable y bestial.

 

 

VEREDICTO

 

La serpiente,
un peón de ajedrez
en un tablero de huesos.

No se sabe más que animal encorvado,
no existe fuera de sí,
y la espuma que chorrea su boca:
intento escueto de camuflaje,
acechando las lágrimas de una tormenta nublada
para imponerse en un trono de mierda,
de circo barato,
y espectadores de palo.

¿Qué no se entiende que la lluvia es redención y alimento?
¿Y que el gris que tiñe las nubes
es la contención exacta de los astros?

¿Cómo podría saberlo aquella
que vive de aplausos prestados,
y que se conforma
con manjares de carroña:
lombrices
y clavos?

Que se goza, postrada, en el polvo
que cae de un altar sacro,
donde el fuego y la noche sellaron en lo oculto
la humedad de su pacto.

Que se dice acogida por la dama blanca:
mujer de plata,
gitana herida,
corazón de daga,
amante cautiva del sol.

 

 

JUICIO

 

La serpiente vislumbra la guillotina y el caldero.

Una vez hija del día,
una vez, en susurros,
arrancando una a una
lentejuelas a dos pechos de bruma oscura,
su fin le respira en la nuca.

Pesadillas son, en mareas, el hielo
como un maremoto.
Es presagio el deterioro de la lengua tibia,
bifronte de veneno rancio,
inmundas las palabras de Barrabás.

No hay cielo robado,
y la ofrenda que florece del agua:
terciopelo punzante
y dulce.

Con mirada incisiva,
y sin embarrarse las manos,
la luna observa de espaldas,
calla

y el sol—
inquebrantable y soberano,
inequívoco,
da un solo paso.

 

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