255. Año 10 | 1.ª Ed. Quincenal Dic. 2025 | JUAN PABLO MARTÍN BARRIOS – Canto baldío

JUAN PABLO MARTÍN BARRIOS (San Juan, Argentina, 1998) es Profesor de Letras egresado con diploma de honor de la Universidad Nacional de San Juan, en la cual obtuvo el primer lugar en un concurso literario (poesía) y una beca de investigación y creación. Tras graduarse ganó una beca para realizar en España un máster en la Universitat de les Illes Balears, misma institución en la que cursa actualmente estudios de doctorado.

 

 

Contra la prepostmodernidad descartable

 

 

Contra la educación sentimental

de jóvenes hormonalmente indecisos,

contra los nuevos estoicos,

abstinentes y profanos en su puritanismo,

contra los hippies trasnochados,

epígonos de rebeldes intelectuales,

su sensibilidad abundante en lagunas,

su indignación intradoméstica;

 

contra los libreros impasibles

de vocación mediática,

contra los críticos advenedizos,

cantores de oído, devotos de la cámara,

contra los analistas improvisados,

fabricantes virtuales de opinión a la carta,

contra los escribidores influencers,

de reality show y de pasión culinaria;

 

contra los políticos prosistas

con ínfulas ciceronianas y sarmientinas,

contra los amigotes del Estado,

cachorros subsidiodependientes,

contra los árbitros de concursos,

patovicas culturales, lectores de espaldas,

contra los editores timoratos y tribuneros

y los proxenetas del marketing;

 

contra la celebración de retazos,

de citas apócrifas,

de frases melifluas,

de líneas con valor poético

en el conjunto de espacios en blanco,

contra los libros envasados

y comercializados como bailes virales,

contra las lecturas veganas y dietéticas,

de fácil digestión y difícil recuerdo;

 

contra las diatribas promotoras

de bostezos industriales

de los catedráticos empachados

de marcos teóricos,

de los dinosaurios impotentes

de los estudios culturales,

contra los sermones melancólicos y cuasiapocalípticos

sobre sociedades estancadas en embotellamientos,

posthomilías y postréquiems

sobre la modernidad velada viva,

jubilada por derecho académico,

homenajeada prepostmortem;

 

volvemos la vista sobre la belleza,

aunque sea para injuriarla, una vez más,

aunque haya que arrebatársela a los dioses, una vez más;

 

oh dioses devaluados,

el lenguaje debe arder en la piel,

tantear sus límites,

quemarse las manos

no es una distracción

ni un divertimento,

es una necesidad,

la literatura vuelve serviles a quienes venden

sus propiedades como fruta de feria,

la poesía desconoce de redes,

de modas y escuelas tiktokianas,

sí, la comida rápida es la que más se vende,

lo que no implica hablar de gastronomía,

aunque la mona se vista de seda

nunca estuvo cerca de un roce lírico,

vino a romper esquemas y etiquetas,

atinó a romper el sentido común,

etiquetando hasta el acto íntimo de lectura,

compartiendo números de páginas

como distancia recorrida en maratón;

 

estimados,

algunos autodenominados escritores,

peones autocensurados

con chalecos de bienestar personal y social,

lacayos automuteados

en su defensa de la correcta y sacrosanta moral,

a priori, en forma de ideas,

todos los gérmenes de literatura

son obras maestras,

pero la literatura sucede pocas veces,

hija de accidentes, de coincidencias, del azar,

fruto de soledades y encarnizados insomnios,

la poesía es una mentira basada en una verdad,

y el mejor poema es siempre el que callamos,

el que no decimos,

el que no alcanzamos a decir:

antes lo clausura la muerte,

sólo contra esto debería hacer falta rebelarse;

 

poetas,

aunque esta fauna variopinta y circense

elevó el arte a categoría de sociedad anónima,

y los escupitajos volaron sobre las musas cautivas,

todavía seguimos en partido,

por eso yo los convoco de nuevo,

estetas irredentos,

que no duermen sin disputar la experiencia poética,

obsesivos perseguidores de la forma,

inconformistas y enfermizos,

ojos abiertos en la penumbra,

donde todo es gris, el gris deja de percibirse,

por acumulación de libros, no se halla la literatura,

por proliferación de tendencias, no fecundan las tendencias,

por lo que somos los movimientos poéticos,

somos las corrientes artísticas,

que nuestras venas no sean páramos,

que cada uno de nosotros, arrinconado,

no deje de escribir desde las ruinas

como cuando los grandes edificios se levantan,

desmantelemos este panorama cultural

profuso en escatologías y abyecciones,

acabemos con la tiranía de la mediocridad,

con la apología de la falta de estilo,

con la letanía de las problemáticas de actualidad,

con la disección de los géneros literarios,

los temas son siempre los mismos

y no hay tal cosa como literatura alta y baja,

es literatura

o no lo es,

devolvamos a los versos la música que hoy no escuchamos,

cultivemos las obras del mañana que a nosotros expoliaron,

forjemos la estela que en el presente no tenemos,

y seremos la alarma de inmolados sin amnesia,

y seremos los fantasmas de fingidores del futuro

que saludablemente se sublevarán e intentarán asesinarnos

sin miedo a la sombra, al tiempo, a la derrota.

 

 

Canto baldío

 

 

Que otros redunden

las bondades de la mañana,

yo canto las horas en que la luz

pasa desapercibida,

la vista vuelta a la abstracción

de las cosas concretas;

 

que otros despilfarren

pompas y halagos y versos

agradeciendo por la torta,

yo escupo el sendero

mordido, la porción

que nos regurgitan;

 

que otros celebren

cumpleaños, festividades, aniversarios,

yo pregunto por el resto de los días

y las noches y su anestesia

de celebración, su conforme

veda electoral;

 

que otros se rían

de la demencia,

de la maquinaria demente,

yo degusto a deshora

la incomodidad,

la levedad del viento.

 

 

Cansancio

 

 

Cansado de mi conciencia cansada de estar cansada,

cansado del contrabando del tiempo,

cansado de que mi pecho sólo almacene aire fallecido,

cansado de haberme cansado

tan pronto de mi existencia,

existo si no pienso,

pienso y dejo de existir,

 

cansado de que me pregunten cuántos años tengo

y no cuántos he vivido,

cansado de siempre otro esfuerzo otro mañana,

un día sí y otro también,

cansado de pedir prestada fuerza que no tengo,

cansado de pedir a la olla otro esfuerzo,

cansado de la insistencia de la carne,

cansado de este necesario exilio voluntario,

doble exilio exilio de escritor,

 

cansado de buscar en la concavidad de los ojos,

cansado del vacío cotidiano que llena de sobra el pecho,

cansado de la soledad poblada a deshora,

cansado de este ayuno intermitente,

cansado de mi cuerpo torpe pidiendo menos,

de su debilidad inmensamente fuerte,

cansado de estrujar un papel

que germina en otra cosa

que no es esta realidad,

 

cansado de ser nadie

y tener el mar y el sol y no tenerlos,

harto de que prescindan olímpicamente de mí,

podrido hasta el más recóndito de mis átomos

de la tumefacta podredumbre

que hiede como el cadáver de los sueños

de lo que ya no somos.

 

 

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