ALEXANDRA MARZAN es una poeta Colombiana. Licenciada en inglés por la Universidad Luis Amigó. Apasionada por la lectura, escribe por el goce de la palabra. Su obra explora el terror y la estética gótica, entre lo oscuro y lo bello. Ha participado en convocatorias de poesía siendo elegida por editoriales como Éterea, Letras negras y Mítico para sus antologías. Se publicaron dos de sus poemas en la revista Humus en la primera edición de diciembre de 2025. Su perfil de instagram es @ale.marzan donde comparte su mirada artística del mundo.
Lúgubre Consagración
Detesto el amor mesurado y astringente,
que me ofreces en conserva:
perfectamente empaquetado,
aparentemente vivo,
lo siento muerto.
Me ofreces un paraíso sintético,
ser esposa trofeo,
en una cárcel de cristal,
supuesta vida de ensueño.
Solo debo bajar un escalón,
dejar que brilles,
celebrar tus logros,
callar, guardar mesura.
Ser vientre fértil, mujer sin mancha,
que febrilmente ansie maternar.
Fina estampa de una vestal.
Pero no soy, lo supe siempre.
Esta es mi agridulce verdad:
soy una criatura lúgubre.
Consagrada a una maldición:
sentir lo todo en agonía.
Desde la niñez alimentando tormentas,
amante de la muerte, delirando con ella.
Adicta al filo de la noche, que corta,
susurrandole al insomnio mis pesadillas.
Mi obsesión son ojos mortíferos,
tras los cuales el abismo se cierne,
la agudeza de una mente en llamas,
torturada por retorcidos pensamientos.
Cuerpo distante y frío,
ardiendo en fuego negro.
Con una sed insaciable,
transgrediendo, traciende.
Ritual de fuego
Una noche con Selene menguando,
en el día de Mercurio y las letras:
Dos leones se cruzan por capricornio,
un ápice de delirio marca el tránsito del deseo,
al templo de Hedoné emprenden un viaje.
Dos mundos convergen,
pero no colisionan,
suavemente se deslizan,
uno en el otro,
como capas de limo.
Capas del deseo resbalan,
plegarias sin voz,
en carne humedecida ,
celebran el rito de tocarse,
entre penumbra.
Dos pieles se funden,
bajo la misma fiebre,
por llamas consumidas,
dominación sin atadura.
¿Le has degustado?
A él le dedico mis poemas
carnívoros y lascivos.
—Él llegó— para encarnar el deseo.
Sus ojos, lagos de jaspe,
pupilas filosas, rasgan el abismo,
surcos de sombras
en sus contornos camino,
mis pies sangran,
litúrgia obscena,
es una ofrenda ominosa.
Con fuego sincero arde,
Llamas voraces queman,
transmuta la carne,
sacia una sed escarlata
no es redención, solo éxtasis.
El es un alquimista,
conjurador de palabras.
Come mi carne.
Muerdo sus labios.
Crujen los huesos,
escurren gemidos.
Rompemos el velo.
Mors Vincit Omnia
Carne y sangre a putrefacción servidas.
Se rinden ante Thanatos los siete pecados,
y toda belleza se cubre con manto oscuro.
Blancos huesos y cuencas ciegas,
vacías de auroras,
saborean en silencio la vastedad eterna.
Nívea máscara todos portamos
la ajena noche en que perecemos,
desnudos llegamos y partimos,
mortal destino compartido.
Altivez y orgullo, delirios humanos,
asesiné al ego al borde de la vereda,
en bucle infinito,