30. Año 11 | 1.ª Ed. Quincenal Feb. 2026 | NATALIA BRUSA – Una esencia amarilla 

NATALIA BRUSA es periodista y poeta. Reside en la provincia de Còrdoba, República  Argentina  y coordina talleres de lectura  y experiencias culturales. Es coautora de los libros “Volver a Mirarnos” y “Tiempo de Conversar” , editados por PRH, argentina y autora del Newsletter @consuelodetintas. IG @brusanaty    / @consuelodetintas / @trazos_y_palabras

 

 

 

I

 

Olfateo

mi cuerpo

con olor a calendario

Una esencia amarilla

me sobrevuela

como un buitre

 

 

 

II

 

 

Cuando me mirabas

yo era linda y alada

cómplice de la luz de la mañana

aliada de la luna

Cuando me mirabas

yo era pobre de miedos

plena de veranos.

la incertidumbre era un recuerdo lejano

Encendida caminaba la ciudad

recorría la ruta,

enfrentaba el camino

 

Podía asombrarme de las plazas

de los bancos, de la gente

lloraban los ojos de las estatuas

los niños me reconocían

quizás hasta los perros

Podía oler la menta y el romero

chupar el cucharón de la sopa

sentir alegría al encender las luces de la calle.

 

Cuando dejó de pasar

cuando ya no lo sentí

dejé mi cuerpo atrás

como un soldado caído

piel de serpiente.

hueso de res

inmóvil, atravesado en el camino.

 

 

 

III

 

 

Despedirme de un cuerpo mirado

Intentar un duelo sabio, intelectual, humorístico

para aceptar el paso del tiempo

conformarme con ser suave

tibia

perfumada

convertirme de a poco en alguien invisible.

La piel se mancha

se seca

el pelo pierde brío

los ojos se apagan.

Las intervenciones solo acomodan la máscara.

Hay una luz que se escurre entre los dedos

no la puedo atrapar

ni congelar.

Miro desde la orilla como deja

algo similar a la estela de un barco.

El espejo del baño es implacable

el testigo discreto

ante quien me relajo

aflojo la tensión

abandono la postura.

 

Agarro mi cuerpo

lo acomodo

lo levanto,

lo cambio de forma

de frente

de perfil

de espaldas.

 

Una voz mentirosa

dice que podría

pero no puedo.

No quiero trabajar tan duro.

Me vuelvo vieja de a poco

caminando la década infame.

 

Como en una carrera de postas,

paso el testigo a las que vienen después,

las miro caminar, reírse, bailar,

engendrar, parir, amamantar

 

Llegará el día en que el cuerpo no importe

hasta tanto

soy una pasajera en tránsito

hacia la libertad de ser invisible.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *