NATALIA BRUSA es periodista y poeta. Reside en la provincia de Còrdoba, República Argentina y coordina talleres de lectura y experiencias culturales. Es coautora de los libros “Volver a Mirarnos” y “Tiempo de Conversar” , editados por PRH, argentina y autora del Newsletter @consuelodetintas. IG @brusanaty / @consuelodetintas / @trazos_y_palabras
I
Olfateo
mi cuerpo
con olor a calendario
Una esencia amarilla
me sobrevuela
como un buitre
II
Cuando me mirabas
yo era linda y alada
cómplice de la luz de la mañana
aliada de la luna
Cuando me mirabas
yo era pobre de miedos
plena de veranos.
la incertidumbre era un recuerdo lejano
Encendida caminaba la ciudad
recorría la ruta,
enfrentaba el camino
Podía asombrarme de las plazas
de los bancos, de la gente
lloraban los ojos de las estatuas
los niños me reconocían
quizás hasta los perros
Podía oler la menta y el romero
chupar el cucharón de la sopa
sentir alegría al encender las luces de la calle.
Cuando dejó de pasar
cuando ya no lo sentí
dejé mi cuerpo atrás
como un soldado caído
piel de serpiente.
hueso de res
inmóvil, atravesado en el camino.
III
Despedirme de un cuerpo mirado
Intentar un duelo sabio, intelectual, humorístico
para aceptar el paso del tiempo
conformarme con ser suave
tibia
perfumada
convertirme de a poco en alguien invisible.
La piel se mancha
se seca
el pelo pierde brío
los ojos se apagan.
Las intervenciones solo acomodan la máscara.
Hay una luz que se escurre entre los dedos
no la puedo atrapar
ni congelar.
Miro desde la orilla como deja
algo similar a la estela de un barco.
El espejo del baño es implacable
el testigo discreto
ante quien me relajo
aflojo la tensión
abandono la postura.
Agarro mi cuerpo
lo acomodo
lo levanto,
lo cambio de forma
de frente
de perfil
de espaldas.
Una voz mentirosa
dice que podría
pero no puedo.
No quiero trabajar tan duro.
Me vuelvo vieja de a poco
caminando la década infame.
Como en una carrera de postas,
paso el testigo a las que vienen después,
las miro caminar, reírse, bailar,
engendrar, parir, amamantar
Llegará el día en que el cuerpo no importe
hasta tanto
soy una pasajera en tránsito
hacia la libertad de ser invisible.