33. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Feb. 2026 | RAFAEL SÁNCHEZ ESCALANTE – Danza macabra

RAFAEL SÁNCHEZ ESCALANTE nació en Cuevas del Becerro, en la provincia de Málaga, al sur de España. Se formó en las artes escénicas graduándose en la Escuela Superior de Arte Dramático de Córdoba y en Conservatorio Profesional de Danza de Sevilla. Actualmente cursa los estudios de posgrado en escritura creativa por la Universidad de Sevilla. En 2024 publicó su primer poemario. Usuario de Instagram: @rafael_escal

 

 

 

 

 

DANZA MACABRA

 

I.

 

Si en mitad de la ciudad lloviera fuego

sería el ditirambo cantado

de una civilización antigua.

Sería el escupitajo nacido

desde el fondo de la boca

de un cráter dantesco.

 

No es lo mismo abrazar

que ser abrasado.

 

Sería entonces un muñeco vudú

de pelo negro

sosteniendo la pluma en alto.

Por eso escribo como hereje

con agujas azules clavadas en los pulmones

sosteniendo un granito de arena

 

-solo uno-

 

de entre un cúmulo del desierto.

 

Sería entonces los miembros

desarticulados

de una familia nómada.

Prendería un fuego

en la crepitante noche abierta

 

-o mejor-

 

sería yo el fuego

y la propia noche abierta

como buscando un atisbo

aunque fuese insignificante

para entender

 

-solo para entender-

 

que relámpago inocente

dio vida al monstruo.

 

 

II

 

Ruina de los cuerpos húmedos

en un bosque de alabastros

un llanto sale desde la maleza compungida

el frío abismo de los huesos

 

un baile de cadáveres

se beben la noche a pequeños sorbitos

 

los cuerpos se retuercen

para bailar la estética de lo imposible

 

una forma extraña

toca un redoble de tambores

forrado de piel enmohecida

que se estira hacia la luna como si fuese chicle

 

la espesura húmeda del musgo

cubre la cuenca vacía de mis ojos

 

el bosque expectante

 

la noche abierta

 

música clandestina tocada

por una mano en forma de herradura

 

que salgan a bailar ahora

los esqueletos de la barbarie

que sus articulaciones sean un espacio

sagrado

en el que cabalgar sin ser vistos

 

 

III

 

Aunque te hablo desde el destierro y la extirpación

manco

enroscado sobre mis vértebras

de la desobediencia,

no descanso solo.

Sin embargo,

pese al abrazo de la materia

ahí afuera, para mí,

nunca hubo nada.

Solo la propulsión a la pérdida,

al anacronismo de un ángel frío

sobre una sombra de cuervo.

 

Y ahora aquí

al otro lado del muro

 

-proclamo-

 

 

que no suele haber flores para los castigados

solo líquenes y carcoma astillando las encías.

 

La persecución de mi estirpe

ha bautizado ya al nombre del Olvido.

 

En un invernadero negro es donde me crecen

las esporas

y sostengo el agua que abastece

los huesos despavoridos

de tanto culmen marchito.

 

Y antes de que sigas tu camino

y me dejes anclado sobre el mentón

partido de algún suicida, te preguntaré algo:

¿ha de morir pobre el que pobre ha nacido?

 

 

 

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