HUMBERTO MEDINA MIRELES (Lagos de Moreno, Jalisco, México,1966) es filósofo, teólogo y poeta; formado en el Seminarium Pontificium Palafixianum (Puebla, México) y en la Universidad Iberoamericana (Ciudad de México, México). Su obra ha sido incluida en antologías bajo los sellos: Santa Rabia Poetry, Ediciones Converso, Grupo Editorial Mítico, Ediciones Caleidoscopio, Grupo Editorial Letras Negras y Writer Avenue. Reside en el Estado de México.
Calor tatuado
Tus palabras, cubiertas de miel,
hicieron que mis ojos destilaran lágrimas.
Nada tengo que disculparte.
En el temblor de tu voz
el corazón habló sin defensa.
La luna ensaya una sonrisa discreta,
la tarde se escabulle por las esquinas.
Las calles respiran un aroma de ausencia.
Te abrazo a la distancia,
bajo el viejo fresno
—escuálido esqueleto—
que hicimos nuestro.
Te escribo en la palma del viento:
cada abrazo tuyo
permanece como calor tatuado;
tu sonrisa,
verso secreto
que sostiene el ritmo de mi vida.
Cuando sonríes,
el mundo encuentra su rima.
Juicio interior
Un temblor recorrió mi cuerpo.
El silencio clausuró mis oídos.
Caminé unos metros.
—Pásale a lo barrido.
La Voz rasgó el aire.
Sentí la angustia de un sentenciado;
la sangre se escondió
en algún pliegue de la piel.
Un sudor frío coronó mi frente.
A mi lado —de pie—
la Voz permanecía.
La saliva, hecha grumos,
se negaba a descender.
La mente olía mi miedo.
De golpe, la puerta se abrió:
un aire blanco
devolvió color al rostro.
Entró un tropel de voces.
Respiré hondo.
No estaba sentenciado.
Con el horizonte en la mirada
Muerdo las arterias del corazón
para no gritar tu ausencia.
El silencio amordaza mis labios:
necesitan tus besos.
La noche abre un negro profundo,
un silencio místico
donde se extravían los pensamientos.
Le grito a la luna
que tire del hilo en mi cabeza,
que me obligue a mirar el horizonte
con el corazón erguido,
ya no cabizbajo.
El oxígeno no alcanza al cerebro,
las venas se marcan en la piel.
Sigo mordiendo las arterias:
no quiero que el dolor
se derrame por el cuerpo
ni habitar esta levedad insoportable.
Suplico a las estrellas:
recojan mi energía,
déjenme ser uno con el universo.
De pie el espíritu,
el horizonte en la mirada.