DANIELA LEAL es una poeta colombiana residente en Colombia y estudiante de Física en la Universidad de Antioquia. Desde muy temprana edad ha cultivado un interés constante por la escritura. Ha publicado varios de sus poemas en distintas revistas literarias. Su obra busca conectar con un público amplio, expresando sus emociones y reflexiones. Asimismo, aborda críticas al sistema y explora el amor como eje central de su escritura.
HUMANIDAD
En memoria de las víctimas
silenciadas por los escombros y por el
silencio cómplice de la humanidad.
Cuando creí que éramos capaces de sentir,
de discernir entre el bien y el mal,
de comprender que el final podía venir,
vaya sorpresa… fue brutal.
Mi especie me había decepcionado,
había creado guerras sin razón,
usado soldados como mercado,
y alimentado su ambición.
No era el dinero su verdadera obsesión,
sino la guerra del ego y del poder;
donde la vida perdió su canción
y el amor dejó de florecer.
Algunos héroes quedaron en la memoria,
otros buenos, bajo los escombros, sin gloria.
El ruido de los autos ya no sonó,
ni el eco de los niños que el viento llevó.
Una nube gris cubrió los cielos,
un silencio abrumador reinó;
los pájaros callaron su vuelo,
y el sol, temeroso, apenas salió.
La muerte invadió el planeta entero,
dejando un aura de falsa paz;
niños, víctimas del aguacero,
de un odio que nadie detendrá.
Acabaron con toda creación,
con la esperanza y la razón,
con imperios que siglos costaron,
y en un instante los sepultaron.
Y justo cuando el último aliento
a punto estuvo de helarse,
la bomba final del tormento
decidió en fuego abrasarse.
Producto de su codicia y ambición,
en nombre de su absurda divinidad,
ardió el planeta en su destrucción…
a eso le llamo Humanidad.
UN POEMA PARA TI
¿Se podrá decir que fue amor a primera vista?
No lo sé,
pero lo que sí sé es que fue tu sonrisa,
tu mirada, tu forma de estar,
de existir, de respirar.
Hay algo que no puedo evitar,
y es que al verte, se transforma mi realidad.
Visito lugares y paisajes, agarrada de tu mano,
me inspiras a soñar,
y en cada sueño, te encuentro.
Encanto puro eres, muchacho,
ser que me ha robado el corazón con solo mirar.
Que me ha hecho escribir poesía,
y escuchar melodías que solo tú puedes inspirar.
Nunca imaginé sentir tan profundo
en tan poco tiempo, en un instante,
en un efímero momento.
Mi alma tímida y temprana se rendía
ante tu voz de hombre perfecto,
con el que funcionaría lo más lindo
si las circunstancias se prestasen.
Inventé mil formas de no pensarte,
pero al final de cada atardecer,
apareces de la nada.
Te llevo sin llevarte, sin nombrarte,
y siento tu presencia cada vez que recuerdo tu olor.
Eras solo un momento,
y aún así, fuiste más que muchos que se quedaron.
En tu mirada, creí descubrir
lo que tantos libros me contaron.
Recuérdame con este poema que es para ti,
y que lleva plasmados mis sentimientos.
Aunque no nos crucemos las rutas,
te amaré en silencio
y te guardaré eternamente en mis pensamientos.
¿Y EL INFIERNO?
Este pudo ser un poema de amor,
decir que el infierno es no estar a tu lado,
pensar que es un mundo sin tu calor,
sin mi madre, sin nada sagrado.
Un lugar donde todo falle,
donde el intento no alcance verdad,
pero hoy no quiero un poema que calle,
hoy escribo desde la rabia y la realidad.
Decidí que será un poema con odio,
con todo lo que siento por dentro,
un grito que nace del agobio,
de este injusto y crudo momento.
Porque estoy viendo,
sí, ahora mismo lo estoy viendo:
cómo el rico aplasta al pobre,
cómo un hombre decide el rumbo del mundo,
y no… no es Dios su nombre.
Es un ser despreciable,
más egoísta que cualquier deidad,
un hombre privilegiado y miserable
que comercia con la vida y la dignidad.
Decide, asesina, cobra inocencia,
arrebata sueños sin compasión,
y mientras tanto, en su indiferencia,
Dios guarda silencio en su creación.
Entonces, este es el infierno:
nadie viene a salvar,
el diablo ocupado en su invierno,
y Dios… en ideologías para consolar.
Y ese hombre, miserable y astuto,
celebra en su reino sin ley,
como rata que danza en lo oculto
cuando el gato ha olvidado su grey.
El infierno es este:
donde el inocente paga el error,
¿es justicia?, pregunto al celeste
¿o es del hombre el falso valor?
¿Quién decide lo justo en la tierra?
¿Quién dicta verdad sin piedad?
El mismo que impone la guerra,
dueño oscuro de esta realidad.
No es diablo, ni Lucifer su nombre,
es un mortal con poder y control,
seguido por masas que olvidan al hombre
y heredan su sombra como un nuevo rol.
El diablo se fue… y él se quedó,
quizá cuando vuelva algo cambiará,
aunque a Dios, tal vez, poco importó,
si la fe ciega al mundo sostendrá.
Dicen que con fuerza se alcanza el cielo,
que creer es la única salida,
pero si el infierno es este suelo,
¿qué esperanza le queda a la vida?
No creo que exista lugar peor,
ni rey más cruel que el que habita aquí,
y confieso que ya no tengo el valor
de seguir resistiendo así.
Entonces espero,
refugiada en mis letras,
en el café de tus ojos sinceros,
en la risa pequeña que el alma despierta.
En el dulce de mi madre, en su amor,
en lo poco que aún me sostiene,
porque en medio de tanto dolor,
eso… es lo único que me mantiene.