LEONARDO FERRERA- Escritor y periodista mexicano, especializado en investigación para radio y televisión, en análisis de datos económicos, políticos y sociales. Ha sido reconocido con más de 40 premios y distinciones nacionales e internacionales. Autor finalista en 16 concursos de poesía en México, España, Argentina, Chile y Colombia.
ARTEMISA
Hermana
de Apolo,
hija de Zeus,
como flecha
de fuego
rompiste
la madrugada
para cruzar
mares de sombra.
Sobre faros
del cielo,
con latido humano,
trazaste tu arco
luminoso
y te perdiste
en el infinito,
para sembrar
silencios fértiles
entre meteoros.
En tu espíritu
de carabela
celeste,
en la órbita
del asombro,
la Tierra
se volvió
suspiro azul,
mientras
el silencio
abrazaba
la ruta lunar.
Las distancias
se curvaron
en polvos
de galaxias,
uniendo
quimeras
en la estela
que dejamos
sobre el manto
nocturno.
Gracias,
cápsula
de sueños:
en el vacío
que navega
la noche,
cumpliste
tu destino
de luz.
Entre egoísmos
y luchas mundanas
de nuestro adolorido
planeta,
nos regalaste
libertad,
luz lunar,
fuerza,
amparo,
y la memoria
de que somos
polvo de estrellas
aprendiendo
a regresar
al infinito.
LUZ ENTRE ESCOMBROS
Donde el miedo respira
y el silencio se quiebra,
la poesía abre grietas
por donde se filtran
lúcidos amaneceres.
Cuando el mundo pesa
sobre los hombros,
cada verso abre una claridad;
un sorbo lento de calma
navegando tormentas
sin nombre.
Aunque afuera reine el desorden,
adentro algo resuena:
las odas florecen en reposo,
una voz antigua se levanta
y resiste.
El arte no promete sentido:
lo persigue en la penumbra.
No responde,
pero sostiene la llama
de la pregunta.
Aunque el mundo se apague,
el eco de las liras persiste:
nos recuerda que la luz
nunca estuvo afuera.
Era nuestra,
aprendiendo a arder
entre escombros
de humo y fuego.
Así, recogemos
fragmentos invisibles
y los volvemos latido,
color, balance…
En palabras que respiran
contra el opaco entorno,
como puerta hacia lo
divino.
EQUILIBRIO
A veces somos soplo
oculto en cenizas,
que resolla bajo escombros,
para que sus delicados
bulbos vuelvan a florear.
Nos mudamos en daga
que rompe limites
entre mar y cielo,
para volver el brillante
reflejo de la luna
sobre el ríachuelo.
Vestimos neblina cálida,
oculta entre murmullos,
caricias y mimos,
para regenerar encinos,
cedros y pinos
en media tempestad.
Somos canto de jilguero
que armoniza el silencio
en alboradas escarlatas,
para iluminar esperanza
en crepúsculos opacos.
Nos transformamos en
brújula
que direcciona las vías
que conducen a la cita
de lo divino
en romancillos de laurel