74. Año 11 | 2.ª Ed. Quincenal Abr. 2026 | MARIA ANDREA GONZALEZ MORENO – Hay brujas en la mesa de los santos

MARIA ANDREA GONZALEZ MORENO, nació en Bucaramanga, Colombia en 1989. Publicó su primer poemario, Filial, a comienzos del 2026. En estos momentos se encuentra trabajando en su segundo poemario, el cual explora temas relacionados con el posparto y la matrescencia.

 

 

 

hay brujas en la Mesa de los Santos

 

me dice mi abuelo mientras

comemos tomate con sal

 

¿ha visto los chulos, mija?

son negros

comen carroña

en la oscuridad no se ven

de día están indefensos

pero de noche se convierten en brujas

 

a Fidel le cogió la noche saliendo de los castaños

se cargó un machete por si las moscas

iba caminando

los cafetales se estremecieron

un silbido le congeló los huesos

se acurrucó

 

calladito,

con los ojos cerrados

 

el hizo bien, mija

a las brujas no se les puede contestar

si usted va caminando de noche

y le silban

no conteste

 

me veo en el monte

el olor a tierra me atemoriza

veo un manto negro

una manzana roja brilla

dos ojos grandes

una nariz aguileña

 

abue

y la voz apenas me sale:

es que yo no sé silbar

 

me mira

sus ojos se achican

su torso se adelanta

encorvado como una c

contra sus dientes se estrella un

ji ji ji

recupera el aire

amasa mi mejilla entre sus dedos

me dice:

mija, mejor ni aprenda.

 

 

 

 

1997

 

el año del abrazo del pato

del pensamiento mágico

de la culpa sofocante

del dolor inmenso

 

entré a 2do de primaria

y Lady Di murió en agosto.

 

me encandilé con los flashes de los paparazis:

vi en la televisión su Mercedes

comprimido contra las paredes del Puente del Alma

 

ya entendía

qué significaba cerrar los ojos

y dormir para siempre.

 

mi primo Juan Felipe

era mono

pecoso y ocurrente

 

valiente como los chihuahuas

defendía a mi hermano de los matones

 

se desvaneció un martes de junio

mientras metía un gol

 

escondida debajo del escritorio de mamá

pregunto:

¿Juanfe abrirá los ojos?

no lo sé

responde mamá

 

al otro día la alarma no sonó

camino sigilosa por el pasillo

que lleva al cuarto de mis papás

mis hermanas me esperan abrazadas a las almohadas

 

observo esta escena

montada sobre un tapete volador

 

mamá abre su boca

de ella salen sonidos extraños

que me esfuerzo por entender:

 

Juanfe no aguantó.

 

el año acaba el 31 de diciembre

mi abuela enjuaga su dolor

con champagne helada

 

suena la ventanita

mientras

cierro los ojos y rezo rosarios:

 

yo sólo quiero volver a despertarme.

 

 

 

llegué de tercera y mujer

 

quise ser buena y perfecta

aprendí a vivir

con la necesidad imperiosa

de agradar

 

me eché a los hombros un costal de culpa

más pesado que una estrella de neutrón

el universo cabía en mis manos

pero yo permití que el espejo me tragara y

escupiera mis pedazos

por ahí, donde nadie los podía ver

 

mi cuerpo se convirtió en vitrina y maniquí

en un dry wall ingenuo y sumiso

 

 

viví segmentada

amasando fastidio por mis mejillas y caderas

juez y parte de mis carencias

colonizada por una ausencia

que sentía en las tripas

y que el espejo aplaudió una y otra vez

 

hoy la herida aún sangra

a pesar de que mi rastrillo es fuerte

y mis palabras afiladas

 

la luz de gas es una

hormiga malcriada

que miro desde la ventana

 

el espejo no se quiebra:

se aplasta

 

 

 

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